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Vocación


De Juan…

“……  No sé qué sentir, si alegría o tristeza porque se hubiera acabado la trascripción del librito de “Dom R.”  Estaba muy interesante, pero ahora me encanta dialogar contigo.  Estoy preparando mí “pliego de peticiones”.  En cada carta te pondré un tema; comencemos por el primero: quién es el famoso “Dom R.”?  ¿Puedo conseguir ese libro y dónde?

Perdóname que no te escriba más largo, Por un lado se acercan los exámenes y por otro voy a leerme tus cartas, una por una, para ver cuáles son las exigencias de quien quiere ser un doble de Jesús.

Todos en la casa te saludan,

Juancho

 

A Juan…

“…. Yo también voy a leer toda nuestra correspondencia; como acostumbro a dejar copia de lo que escribo, será fácil, Espero tu “pliego de peticiones” para satisfacer tu curiosidad, respondo tu primera pregunta.

“Dom R. es un trapense, La palabra Dom, es abreviatura de “Señor”; según nuestra costumbre lo llamaríamos “Padre Raymond”.  Ha escrito bellos libros en un estilo muy agradable, Un día cayó en mis manos este pequeño libro, cuyo título es “El doble del Hombre-Dios”.  Me gusto muchísimo.  Leí algunos apartes a un grupo de muchachos y los entusiasmó; entonces me vino la idea de hacerle algunas pequeñas variaciones para que sirviera como libro de formación a todos los muchachos que quieren resueltamente lanzarse por los caminos de la santidad.  La correspondencia contigo me dio la oportunidad de hacer el ensayo y parece que los resultados son satisfactorios.  ¿Verdad?

Ahora quiero hablarte sobre la vocación; me dio la impresión de que no te gustó que te preguntaran si querías ser sacerdote, Pero vocación tiene todo el mundo, dentro de los tres grandes estilos de vida: como laico, como religioso o como sacerdote. Comencemos por el principio.

Jesús vino al tierra a invitarnos a la santidad.  Cada hombre lo sigue por un camino distinto según su propia vocación.

Hay personas, como la del joven del Evangelio, que reciben un llamamiento especial, de él me hablaste en tu primera carta.  ¿Recuerdas la escena?  Se le acerca un joven, tendría la edad que tú tienes, le pregunta “Maestro bueno, qué debo hacer para alcanzar la vida Eterna?”  A Jesús le llama la atención el titulo que el joven le da y a su vez lo interroga: “Por qué me llamas bueno, bueno solamente es Dios” y luego le responde: “guarda los mandamientos”.  El joven le pregunta “cuáles”; Jesús los enumera y la respuesta es tan inmediata como ingenua “Todos los he guardado desde pequeño”.  El evangelista hace una observación que demuestra no sólo una intuición psicológica sino la expresión del rostro de Jesús al oír aquella respuesta “Jesús lo miró y sintió profundo amor por él”.  Entonces lo interrogó de nuevo “si quieres ser perfecto anda, vende lo que tienes y dalo a los pobres y luego ven y sígueme”. En otra ocasión Jesús había dicho “donde está tu tesoro allí está tu corazón”, por eso quiere un corazón no solamente limpio, sino libre de cualquier apego.

La escena termina en el silencio de quien le dice un “no” al amor, un “no” al creador, un “no” al amigo, un “no” al Salvador, un “no” a Jesús, un “NO” que fue tanto más rotundo cuanto no fue dicho por los labios sino por la actitud.  El evangelista anota otra actitud psicológica: “el joven se puso triste porque era rico en demasía, dio media vuelta y se fue, pero nunca volvió”.

Esta escena se ha repetido millares y millares de veces a través de los siglos.  Muchos han dicho “NO”, pero muchos otros han dicho “Sí”.

Uno de ellos es el Padre Raymond, que entró a una de las comunidades más austeras del mundo y sabes para qué? para ser “Caballero de Dios”, para “equilibrar el mundo”, para “que hubiera un hombre que se mantuviera en el brecha”.  Tal vez no entiendas ninguna de estas tres razones:

1- Cuando Jesús llama a un joven, lo invita a que sea “caballero de Dios”.  Recuerda que has leído libros y has visto películas sobre la caballería. ¿No oyes muchas veces que de una persona se hace un alto elogio diciendo que es “todo un caballero”?  Pues bien, los que le -dicen “sí” a Dios cuando los llama, por el amor que tiene por sus almas, se presentan como unos caballeros, que, como los de las épocas de las gestas gloriosas, ponen sus capacidades y su coraje al servicio del Señor a quien sirven.  A unos los llamará al claustro, a otros los dejará en el mundo; a unos los invitará al sacerdocio ministerial, a otros les pedirá que ejerzan su sacerdocio común.  Y todos, cada uno en su puesto, serán “caballeros de Dios”.

2- El mundo está desequilibrado, Precisamente el Concilio Ecuménico lo dice con claridad:  “mientras se busca ansiosamente un más perfecto orden de lo temporal, no se logra que progrese paralelamente en desarrollo espiritual” (IM 4,4).  Parece que el mundo pesa más que Dios; los hombres se inclinan más a lo terrenal, que a lo divino.

Cuando una persona le dice “SI” a Jesús, inclina la balanza hacia lo sobrenatural y unos pocos entregados a Dios, que dediquen su vida a la oración, que vivan de amor, equilibran al mundo y valen más que millares de hombres que hagan el mal. Quien obre el bien, su acción tiene repercusiones de eternidad, quien obre mal, su nombre perecerá con su acción.  Por eso un pensador moderno ha podido decir: “son los santos los que escriben la historia”.

Tú, Juan no tienes vocación Sacerdotal, me lo has dicho claramente, pero sientes que Dios te llama la santidad.  No le tengas miedo a esta palabra: sé santo hoy en el colegio, mañana en la Universidad, posteriormente en tu vida profesional y en el matrimonio.  Funda un hogar santo.  Contribuye al establecimiento de una nueva civilización cristiana y escribe una página de la historia…

3- Muchas veces habrás visto películas de las que llaman de “capa y espada”.  En ellas siempre aparece un valiente caballero, una dama, un castillo.  Este es atacado frecuentemente por un fuerte ejército y defendido por un puñado de valientes, Una catapulta certeramente disparada abre un boquete en el castillo: es la brecha que aprovechan los invasores para penetrar dentro de él. ,

Así está el mundo y Jesús nuestro gran capitán, “busca un hombre que se mantenga en la brecha”.  Tendrá que ser joven, valiente, aguerrido, capaz de detener él sólo, el enemigo invasor.

¿No sientes, tú Juan, que Jesús te dice, que seas ese hombre?  El anda buscándolo.  Preséntate, ofrécete.  Sé digno de tanta confianza, de tanta gloria.

Afectísimo en Cristo,

PAFER

 

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