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¿O se trata de esto?


De Juan…

“Ese Dom R”. es un genio.  Me gustaría saber quién es… Si a uno le dan, como en el colegio, un “manual de piedad” puede estar seguro que uno jamás se lo lee.  No hace sino rabiar por lo caro que le costó.  Pero el tal Dom R., como quien no quiere la cosa, va hablando de oración, de confesión, de dirección espiritual y hasta de temor de Dios, de una manera tan agradable que uno se lo lee sin saber a qué horas.

El libro “por entregas” a través de tus cartas ha sido maravilloso, hasta apasionante.  Todo esto se ha convertido en un auténtico suspenso a lo “Bond”.  Ansioso espero tu próxima.

Hoy tengo una cosa curiosa para contarte: unos amigos me invitaron el sábado en la tarde a una cosa que ellos llaman “desierto”.  Yo tenía pereza por no saber de qué se trataba, pero fuí.  La reunión fué muy agradable: inicialmente cantamos unas canciones bellísimas de mensajes cristianos; luego se leyeron dos pasajes del Evangelio en el que se narra que Jesús se fué al Desierto a orar y el otro en que Jesús invitó a los apóstoles a dialogar con El, en un lugar solitario, sobre la misión que les confiaba.  Nos propusieron que cada uno tomara su Evangelio y en silencio dialogara con Jesús durante media hora sobre el tema que quisiera.  Cada uno escogió un sitio en el campo, porque la propiedad es grande y hermosa.  Yo me senté a la orilla de un riachuelo y me puse a mirar el agua que corría.  Yo tenía mi Biblia y en ella encontré que Dios había creado esa agua y en el Evangelio encontré un pasaje en que Jesús decía que teníamos que ser purificados por el agua.  No sé cuántas cosas lindas le dije a Jesús.  La media hora pasó como un minuto, nos llamaron y cada uno contó a los otros el tema que había escogido y lo que se le había ocurrido sobre él.

Qué hermosa experiencia, Tú sabes si muchos muchachos realizan también tiempos de desierto?.

Saludes de todos.

Afectísimo,

Juancho

 

A Juan….

Qué bella experiencia sobre el “Desierto”.  En otros países es muy común; entre nosotros no tanto.  Próximamente te haré conocer un librito que precisamente se llama: “Temas para tiempos de desierto”.  Me cuentas cómo te parece.  Propón a tus amigos hacer otro día de desierto utilizando el librito y me haces saber qué efecto produjo.

…Te estás volviendo muy serio.  No me volviste a hablar de Margarita, ni de Jorge, ni de Tarcisio.  A propósito, ¿cómo se llama el último?  ¿Qué edad tiene? me imagino que debe ser encantador.

Tienes razón; un libro seguido difícilmente se lo lee un muchacho.  Este estilo epistolar quizás es hasta original.  Además, permite citar extensamente páginas magníficas que se han escrito.  Por una parte no soy capaz de escribirlas y por otra no lo haría lo mismo de bien.

Te cuento que el librito de “Dom R.”, está a punto de acabarse.  Lo que quiere decir que podríamos interrumpir nuestra correspondencia para comenzar a escribir a Jorge.  A propósito, le diste mis saludes?  Le dijiste que me escribiera?  ¿Sigue cada día más serio?  Qué razón tiene un amigo que me regaló el otro día un pergamino con una inscripción inventada por él:

“Cuando niños nuestro mayor anhelo es ser grandes y cuando viejos qué diéramos por volver a ser chicos”.

Pero no tenemos por qué añorar los años de nuestra niñez, ni suspirar por los de nuestra vejez.  No dice el Concilio que estamos viviendo una nueva era de la historia?  Y no dijo Pío XII que es la más bella, porque estamos, no en un triste ocaso, sino en una aurora risueña?

Eres joven, Juancho, vive tu Juventud, no a la manera como oirás a muchos de tus compañeros de colegio que tienen el lema “vive tu vida” con lo que entienden el entregarse a toda clase de vicios y disoluciones que no lograrán sino acabar con su vida física, psicológica y sobrenaturalmente.

¿No crees que vale la pena vivir para ser el doble de Cristo?  En un mundo como el de hoy donde hay más enfermos de alma y de cuerpo que en esa época, no se invita a Jesús a las bodas como lo hicieron en Caná.  Se increpa a los niños porque se acercan a El y la juventud imita más al joven que le volvió la espalda, que al joven que se dejó cautivar por el amor, ¿Qué me dices de esto?  El Capítulo de hoy se titula:

¿O SE TRATA DE ESTO?

-Ya he dicho que la fe, a mi juicio ésa es la virtud que más necesitamos y la que debe proporcionarnos el temor de que hablamos.  Si poseemos una fe vigorosa, viril, vibrante, el santo temor vendrá como consecuencia y no será necesario el susto.

-Indudablemente, los dos se van acercando a lo fundamental, pero díganme, no encuentran inspirador  la humildad y la fe de los cristianos? cuando hombres sabios, experimentados y santos se arrodillan y solicitan la absolución, tengo que reconocer que en la humanidad hay fe y humildad.

-Tienes razón, Luis, También yo puedo elogiar la fe de ciertos individuos y probarle a Eduardo que no sólo tienen temor de Dios, sino que han alcanzado prácticamente alturas angélicas.  Si algunos hasta se quedan sin hablar ante el Santísimo Sacramento.  Para ellos la presencia real no es solo un dogma, es una realidad viva y palpitante… se diría que hasta sienten los latidos del Sagrado Corazón.  Pero no utilicemos excepciones.  Ya sabemos de su complacencia en sí mismo, Necesitamos un buen susto que nos saque de nuestra falta de cuidado casi criminal y, en ocasiones, de la absoluta negligencia de nuestro deber como dobles de Cristo.  Mi tesis es que más profundamente aún que la falta de temor, su causa se debe a la falta de fe.

-Sí, y ya te veo dispuesto una vez más a desarrollar tu teoría del doblaje, diciendo que nos hallaremos saturados de la idea de que estamos doblando al Hombre-Dios, en cuanto tengamos la fe suficiente para creer que estamos reproduciendo a Jesucristo en cada momento de nuestra vida y que sólo entonces tendremos un temor filial que nos hará evitar todos los baches.  Lo que sí habremos de admitir, José, es que tú tienes verdadera pasión por la unidad.  Realmente, es un don.  Nadie dejará nunca de captar tu idea principal, Apostaría cualquier cosa a que vas a decirnos que esta fe se fortalecería por la meditación matinal y se mantendría al rojo vivo con el examen nocturno.

-Eres un adivino.

-Dime José, crees de verdad que nos falta fe?

-Si, Eduardo.  Nos falta la fe que produce energía.  Claro que todos tenemos nuestras creencias fuertemente arraigadas; pero de la que yo hablo es de la fe que influye en la mente, la voluntad y el juicio; la fe que hace que lo veamos todo como parte del plan divino; la fe capaz de hacer que miremos siempre a través de las causas secundarias, para ver tan sólo la primera causa. En resumen: una fe constantemente activa.  Una cosa es decir con los labios “creo en la presencia real de Cristo en la Eucaristía” y otra mucho mejor, sin duda, que tanto mi actitud como mis acciones en torno al sagrario, lo digan por mí.  Una cosa es decir que Jesús vive y vive a través de los cristianos y otra muy diferente y mucho mejor, demostrar al mundo que Jesucristo vive a su lado en todas las épocas, en todos los lugares y con todas las gentes, doblándole sin desmayo.  Una cosa es decir el credo y otra vivirlo.  Esta es la fe que quiero para mí y para todos los demás.  Una fe que nos mantenga en constante conciencia de lo que somos; una fe que nos estimule a realizar un esfuerzo cada vez más varonil para llegar a ser lo que deberíamos ser.

-Eso está muy bien, José, ¿Pero lo crees suficientemente tangible, suficientemente concluyente como para que los cristianos lo vivan?

-En la forma que lo expresas, sí -contestó por mí Luis-.  Lo que dice José está lleno de fuerza aunque no sea tan directamente espantoso como tú tesis, Eduardo.   No sobresaltará en la forma en que tú quieres hacerlo, pero si se reflexiona un poco, se ve que es algo muy serio.

-Ah, un convertido al fin.

-No, José, nada de ”al fin”, sino desde el principio.  La misma noche en que me expusiste tu idea fui captado por ella.  Para mí, el cristianismo auténtico estriba en un apasionado amor personal a Jesucristo.  Cualquier otra cosa es arena o pizarra pero lo que se necesita es roca sólida y la única existente es el amor a Jesucristo.  Por eso al meditar sobre la única cosa que los cristianos necesitamos por encima de todo, ni pienso en el temor ni en la fe, pienso sólo en el AMOR.

-Si, Luis, pero teniendo en cuenta que no podemos amar lo que desconocemos y que nunca conoceremos si no estudiamos.  El único estudio para mí es la meditación.

-Así es, José.  Pero yo tampoco seria capaz, en cierto modo, de estudiar lo que no amo.

-Quieres decir que nunca se estudiará intensivamente lo que no interese intensamente, no?  Pues a eso te digo que yo me siento intensamente interesado en Cristo porque El me ha designado para ser su doble viviente, Por eso sigo diciendo que la primera y vital necesidad, es la fe.

-Y yo soy lo suficientemente testarudo para sostener que no doblarás como es debido a Jesucristo si no tienes profundo y sincero amor.  Por eso sospecho que todos tenemos razón.  Prácticamente, los tres hablamos de lo mismo: lo que hacemos es poner los acentos en diferentes puntos.  Lo importante es la idea, la idea de doblar a  Jesucristo.  Podrás decir que se necesita fe para creerlo, pero una vez creído sólo podrá ser llevado a cabo mediante un gran amor de corazón.  Pero ustedes dos me llevan una  cabeza de ventaja en esa cuestión. Déjenme participar de algunas de las aplicaciones prácticas de esa doble idea.

-Son evidentes, Eduardo, todos los cristianos estamos llamados a una tarea divina y, por lo tanto, hemos de ser divinos, es decir, diferentes del mundo y de todo lo que el mundo representa, mucho más los que nos dedicamos al apostolado.

-Ese mismo es mi primer punto, Eduardo.  Tenemos que hacernos limpios y conservarnos LIMPIOS.

-Sí, tenemos que ser Intocables para todo el mundo, y, sin embargo, debemos estar al alcance de todas las cosas del mundo, Por lo tanto, hemos de ser tan paradójicos como lo fué Cristo.  Ese es otro de los puntos que José ha puesto sobre el tapete.  Dice que tenemos que ser humanos y a la vez, divinos; crucificados al mundo y constituir no obstante una parte muy vital del mundo; hemos de estar en continuo movimiento, trabajando siempre para los demás y ser, al propio tiempo, hombres concentrados en nosotros mismos, sin olvidarnos nunca de que nuestra vocación es la santidad.  Debo apuntar que Lacordaire lo resumió bastante bien en su famosa definición: ‘Vivir en medio del mundo sin desear sus placeres; participar de todos los sufrimientos; penetrar todos los secretos, cicatrizar todas las heridas; ir de los hombres a Dios para ofrecerle sus plegarias y volver de Dios a los hombres llevándoles el perdón y la esperanza; tener un corazón de bronce para la castidad; enseñar y perdonar, consolar y bendecir siempre.  “Qué vida, Dios mío”.

-¿Cómo crees tú que interpretaba Lacordaire esa última exclamación, Luis?

-No lo sé, Eduardo; pero yo la traduzco como una exclamación de asombro de que Dios emplee hombres para menesteres tan divinos; como una exclamación de temor ante tanta grandeza y, finalmente, como una exclamación de angustia como si dijera: ¿”Quién puede llevar semejante vida?”

-Luís, la respuesta a eso no es otra, que ésta: sólo los hombres de fe profunda, y de amor ardiente; sólo aquellos que se mantienen adheridos a Cristo pueden ser de verdad dobles de Cristo, Indiscutiblemente necesitamos un sincero y gran amor personal al Hombre-Dios para poder llevar a cabo esa vida.

-¿Y cómo adquirirlo?

-Permaneciendo conscientes de nuestra dignidad, Eduardo.

-¿Y cuál es nuestra dignidad?

-Exactamente, la que José ha estado diciendo todo el tiempo: la dignidad de un doble del Hombre-Dios.

-Si eso penetra en nuestro sistema sanguíneo, lo demás se nos dará por añadidura,

-Sí, todo eso es verdad.  Somos dobles del Hombre-Díos.  Pero igualmente es cierto que ni tú, Eduardo, ni José, ni yo somos dobles perfectos.  Por eso, la tarea que tenemos ante nosotros y la que tienen todos los cristianos es hallar la manera de doblarlo perfectamente; hallar la manera de andar, de hablar, de actuar, de vivir, de ser y de amar como Jesús.

Juancho:   como te das cuenta al ser cristiano no nos pide hacer cosas, sino ser dobles de Cristo Jesús.  ¿Has entendido bien?  ¿Se te ha grabado esta idea?  ¿Has comenzado a vivirla?,

Afectísimo en Cristo,

PAFER

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