RSS

¿Puede ser inquietante esto?


De Juan…

“…     Ni de Director, ni de Padre Espiritual había oído hablar en mí vida.  De confesor sí.  Pero es curioso: pensar en confesor da como

miedo, eso de tener que decir los pecados, con el riesgo de aguantarse un regaño… Hace poco me pasó una cosa cómica: eran como las diez de la mañana.  Entré a la Iglesia y ví a un padre en el confesionario.  Gracias a Dios no tenía nada grave, pero hacía como quince días que no me confesaba “Cuánto tiempo hace que no se confiesa” me preguntó el padre, “unos 15 o 20 días” le respondí. “¿Cumplió la penitencia?” “Creo que sí, no me acuerdo de nada, tal vez … ” iba a comenzar cuando él me preguntó: “¿qué hace, estudia o trabaja?” y sin darme oportunidad de responder me dijo “por qué no está haciendo algo en vez de perder el tiempo y hacérmelo perder a mí..”.  Francamente me dio risa.  Cuando chico una vez me inventé unos pecados para tener de qué confesarme, pero ahora no puedo hacer lo mismo.  No se si me dio la absolución.  Creo que no porque se paró de inmediato. ¿Qué tal si le digo que voy a que me haga dirección espiritual?  Hasta me gustaría tener un “padre” espiritual, atrae más que un confesor, pero, ¿Existe?  Dónde lo puedo encontrar?  No me dirá que eso es todavía más perdida de tiempo?

Creo que ese día, cuando le conté a Jesús lo que me acababa de pasar, se rió conmigo, pero en el convento le debió hacer mala cara al padrecito… Ayúdame a conseguir ese Padre… o es que necesito otro distinto de ti?  ¿Nuestra correspondencia no es una verdadera dirección espiritual?

Juancho

 

A Juan…

“…     Yo también me he reído y varias veces con la historia del padre pero… pero por qué no decirte que también casi me dio rabia?  Tal vez nosotros mismos a veces olvidamos que hay almas mimadas de Jesús y nos sentimos más jueces que padres.

No sé que aconsejarte acerca de quién puede servirte como padre espiritual. Nuestra correspondencia te ayuda, pero no lo suple, Pídele a Jesús que te lo dé.  Si el párroco no puede por exceso de trabajo, búscalo en el Seminario o en una comunidad religiosa; pero búscalo y encuéntralo.  Es indispensable para tu vida espiritual si de verdad quieres llegar a ser santo.  Pero no basta; “Dom R”. sigue hundiendo el estoque, lee lo que dice en otro capítulo: ¿Hasta dónde llegarán exigencias del “doble”?

¿PUEDE SER INQUIETANTE ESTO?

Ahí tienes un buen tema, Eduardo; un tema fuerte y que deberá hacer mella en los optimistas -dijo Luis, pero lo que a mí me interesa averiguar es cuál es el mayor defecto de los cristianos, de los que quieren ser cristianos auténticos, especialmente entre la juventud.  ¿Cuál es a tu juicio, nuestra falta más grave? ¿Cómo la diagnosticas?

-De flojedad;  llamémosla mundanidad.

-¡Caramba!. ¡Eso sí que es dinamita pura! -exclamé.

-No te lo aceptarán -dijo Luis.

-Ya lo sé -respondió Eduardo-.  En conjunto no querrán admitirlo, aunque tal vez lo acepten con relación a algunos individuos aislados.  Pero para acusar de tal a la colectividad habrá que endulzar la idea, lo cual, después de todo, no es más que otra prueba de lo fundado de la acusación.

-Pero me habéis pedido que te diga cuál es para mí el defecto mayor de ciertos cristianos que se llaman incluso apóstoles y esa es mi respuesta; la flojedad era. Fíjate en su manera de vestir, en su manera de hablar, en su manera de portarse….

-No hay que acalorarse, Eduardo -le reconvine-, que estamos en un clima muy cálido.

-Este asunto me saca de quicio.  He contemplado la operación del afeitado matinal de algunos y puedes creérmelo; si la mujer emplea igual cantidad de tiempo y de trabajo para maquillarse, no se extraña uno de que muchos estén pidiendo la separación legal.  No hace mucho tiempo eché un vistazo al neccesaire que llevaba.. El neceser en cuestión, contenía crema de afeitar, crema limpiadora, crema de masaje, loción para después del afeitado, otra loción vigorizadora de la piel y un bálsamo para el cutis.  En cuanto a los polvos es probable que los llamados masculinos sea para hombres, pero desde luego, no para hombres varoniles y mucho menos para hombres de Dios. Te aseguro que aquello no era un maletín, sino una barbería ambulante con un salón de belleza incluido; eso es ya afeminamiento.

-En fin, los de todos no son iguales… ¿No crees que ese a que aludes es una excepción?

-Vamos, Luis, tú lo sabes igual que yo.  Ya sabes que ese cuidado de sí es corriente en mi generación y que tampoco supone una excepción en la tuya.

-Luís tiene razón.  Ya lo creo. Di que sí, Eduardo.  Puedes llamarlo afeminamiento y decir que se manifiesta en el cuidado de nuestros cuerpos, de nuestras ropas, de nuestros alimentos y hasta de nuestras bebidas.

-Sí -interrumpió Eduardo-, en todo lo material.  La sociedad de consumo de este siglo ha socavado galerías en la vida cotidiana de los cristianos y no te quepa duda, Luis, que esas muestras externas hablan del afeminamiento del Interior.

-Tendrás que probárnoslo.

-Nuestros apóstoles muchas veces piensan y predican de una manera anémica.  Rara vez atacan por derecho.  Rara vez exigen algo.  Rara vez exponen la ley con llaneza.  Insisten en que sólo debemos insinuarla. ¿Pueden imaginar siquiera cosa más absurda?  Insinuar la ley a nuestro mundo sofisticado, satisfecho de sí mismo y lleno de pecados. Muchos son incapaces de comprender aunque se les golpee en la cabeza con un martillo y nuestros apóstoles modernos, se empeñan en enseñarles indirectamente.  Yo digo que eso es afeminamiento y en su peor forma.

-Has dado un nombre diferente a lo que José llama mundanidad. No me sorprende tu idea, Eduardo, sino la fuerza con que la sientes.

-Hay veces que me siento materialmente asqueado. Tal vez se deba a mi juventud o tal vez a que enfoco sólo la excepción y hablo de lo extranjero, pero lo cierto es que me parece que muchos viven y predican un quinto Evangelio.  Prácticamente siguen un novísimo ascetismo, en el que han declarado tabú la mortificación.

-Eso ya suena mejor, Eduardo. Si les dices que no se mortifican tal vez te escuchen, pero si les llamas afeminados se rebelarán.

-Ya lo sé, José.  Y como antes decía, ésta es, precisamente, una de las pruebas más fehacientes de su flojera. Se amparan en el terreno de la cultura y el refinamiento, pero eso, para mí, sólo es flojera.

¿Qué piensas de todo esto: mundanidad, afeminamiento, flojera?

Afectísimo en Cristo,

PAFER

Anuncios
 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: