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Charlar con Dios


De Juan…

“Lejos de pensar en no regañarte más, tengo que decirte lo de mi hermanito a mi mamá, el otro día que hizo un daño: “perdóname mamacita, te prometo que voy a hacer todos los daños que pueda”, quería decir todo lo contrario.  Pero yo sí, de verdad, quiero “regañarte” cuantas veces pueda, para que tú, seas “tú” en tus cartas y no el tal Dom R. que ya me está intrigando.

Cuántas veces has leído esa frase “pobre Juventud que es como el agua cristalina que al mezclarse con tierra se convierte en fango”… otras tantas me encuentro contemplando en mi imaginación ese río apacible pero fangoso, que lleva en sus corrientes toda la podredumbre que encuentra en su camino.

… Yo sé que tú quieres mucho a la juventud. Yo sé que tu vida “nos” pertenece, por eso te pido que continuando la correspondencia conmigo, comiences otra con Jorge.  tú mejor que yo, sabes que es “mejor tres meses antes que un día después”.  Jorge sigue hermético.  Le mostré tu última carta la leyó dos veces, Un suspiro profundo y casi una lágrima en los ojos me hicieron comprender el impacto que le causó.  Aproveché el momento para insinuarle que te escribiera y me dijo con tanta tristeza: “él no tiene tiempo para pensar en mí, nadie tiene tiempo; si yo encontrara quién me quisiera como a ti, quién me comprendiera como a ti”… Ah, si yo fuera capaz de ser su amigo…

Termino porque tengo que acompañar a mi hermano Tarcisio a no sé qué fiesta.  Ya oigo que me llama.  Otro día te hablo sobre él.  Tiene 11  años.  Es tan simpático, tan encantador, tan “ocurrente”.  Le brilla el alma en los ojos; canta, juega, brinca, Es cariñoso, generoso, delicado.  Lo quiero tanto.  Todavía no vislumbra la vida. No tengo plena conciencia, pero parece que Jorge era lo mismo. ¿Por qué Tarcisio es juguetón, Jorge soñador y yo pensador? -no me quedaría muy grande esta palabra?- lo piensa.

Juancho

 

A Juan…

“ … eres un auténtico representante de la Juventud actual.  Un niño pregunta y cualquier respuesta lo satisface; pero cuando un joven pregunta no se contenta con una palabra, ni con una frase, exige un “tratado”.

Para responder tu último pregunta se necesitada todo un tratado de psicología.  Conténtate con saber que Tarcisio es un niño todavía, Jorge un adolescente y tú un joven.  La manera de pensar de cada uno es distinta, lo mismo que su manera de obrar.  Lo que quiere decir que Tarcisio sigue conservando apaciblemente a Jesús en su corazón, porque El es la fuente de esa vida, mientras Jorge tiene que luchar para que el demonio no lo arranque de su corazón: Ya ves cómo aparece tan distinta la personalidad de cada uno,

 A Jorge dile que cuando me escriba constatará que sí hay quien piense en él, y  quien lo quiera y lo comprenda; que mientras tanto consiga los libros “Muchachos y Muchachas” y  “Sexo y Amor” de Miguel de Caviedes.  Estos libros le darán respuestas a todas sus inquietudes de adolescente.

En cuanto a ti, no te queda grande el apelativo de “pensador”.  Es necesario que comiences a reflexionar sobre la vida, tienes una gran misión que cumplir y tienes que prepararte para ella, comienza por dedicar tiempo a pensar, a reflexionar, ya vez cómo te ha interesado eso de ser el “doble del Hombre-Dios”.  Tarcisio ni entenderá lo que eso quiere decir y Jorge no se pone en el trabajo de averiguarlo.  Sigamos pues, profundizando esta idea, quizás la más bella que has escuchado en tu vida.

¿Se te ha ocurrido alguna vez reflexionar sobre la vida de Dios?  Desde toda la eternidad no hace otra cosa que “pensar” y “amar”.  Y como nos creó a su Imagen y semejanza, también nosotros debemos pasar la vida “pensando” yamando”.

Repite todos los días: “Yo soy pensado y amado por Dios” y como “nobleza obligada” “ vive pensando en Dios y amando a Dios”.

Precisamente el capítulo que voy a transcribirte del librito de Dom R. te va a hacer comprender mejor esta verdad.

CHARLAR CON DIOS

Me dirigí a mi mesa de trabajo y eché un vistazo a las notas que había escrito.

Escucha, Luis.  Esto podrá parecer una disgresión, pero no lo es.  Aquí tienes otra cosa que me ha enseñado Hollywood.  Jimmie doblaba a un famoso astro del cine y lo hacía a la perfección.  Los maquilladores tenían su parte, claro está, pero Jimmie era quien daba el toque final.  Caminaba igual que el protagonista, se sostenía como él, incluso había captado su característico balanceo sobre las puntas de los pies, del que el famoso actor se muestra tan ufano cuando parece contemplar algo a lo lejos.  A escasa distancia, viéndoles juntos, no podía decirse cuál era la estrella y cuál el doble, sabes cómo ha adquirido Jimmie esa perfección?

Seguramente imitando al astro como los monos imitan al hombre.  Ya sabes que Jimmie es un mímico excelente.

-No es eso, Luis.  Por lo menos tu respuesta no es lo suficientemente profunda.  Jimmie ha adquirido esa perfección mediante la reflexión y sólo mediante la reflexión.  Ha observado, ha analizado, ha reflexionado mucho, y sólo después de esto ensayó una imitación… Si yo he de doblar a Jesucristo tengo que hacer lo mismo.  Tengo que estudiarle, analizarle, reflexionar sobre sus actos y hábitos, es decir: tengo que caer de rodillas ante El, si me preguntas en qué consiste el motivo de nuestro fracaso de vivir al nivel de nuestra dignidad y el de no tener nunca la conciencia de ella, te diré que se debe… ¡AL DESCUIDO DE LA ORACION!

-No es la primera vez que oigo decir eso, no obstante, los cristianos rezamos diariamente muchas oraciones y eso, sin olvidar que el trabajo también es oración.

-Sí Luis, el trabajo es oración pero cuando se lleva a cabo “por El, con El y en El” como dice el sacerdote tan solemnemente en la misa.  El trabajo es oración cuando supone una elevación de la mente y del corazón hasta Dios, Pero, dime, cuántos de nosotros trabajamos así?  Una vez oí decir a un Delegado Apostólico: “Hubo una época en que nosotros los cristianos teníamos una intención real antes de comenzar todos nuestros trabajos, pero no tardamos en darnos por satisfechos con la intención virtual, que luego se hizo habitual y ahora me pregunto si, en el mejor de los casos podríamos llamarla interpretativa”.

-Tenía razón en cierto modo ese Delegado, pero fíjate, José, que admitía que podría y debería ser una oración.

-Sí, podría y debería serlo…, pero no lo es.  No lo es para la mayoría de nosotros, para esa mayoría a la que nos estamos refiriendo.  Hay algunos que sí hacen una oración de su trabajo.  Tú los has conocido y yo también.  Esos son verdaderos cristianos, verdaderos hombres de oración.

-La oración es la “elevación de la mente y del corazón hasta Dios”.  No pidas ahora más que la Iglesia.

-Cuántas veces reducimos nuestra oración a repetir palabras en las que no pensamos y a veces no comprendemos, tomamos incluso parte en plegarias públicas,  pero si he de ser un hombre de Dios, si he de ser un verdadero doble de Jesucristo, debo hacer mucha oración privada.  Debo caer de hinojos muy a menudo.

-No somos contemplativos, José.  Nuestra vida es activa.

-Eso es una falacia, que he oído criticar muchas veces.

-Bueno, pues oigamos cómo las criticas tú ahora.

-Encantado.  Nuestra vida es una vida activa.  De acuerdo.  Pero la actividad a que estamos sometidos, la única actividad que constituye el corazón y la esencia de nuestra vida activa, consiste en reproducir a Jesucristo en nosotros mismos y en los demás.  Tenemos que estar constantemente en acción y esa acción ha de consistir en doblar al Hombre-Dios.  Pero cómo podremos reproducirle en cada una de nuestras acciones, si no conocemos exactamente cada una de las suyas?  Cómo podremos realizar un perfecto doblaje sin un íntimo conocimiento del original?  Un verdadero artista no pinta nunca de memoria, siempre tiene delante al modelo.  Un escultor auténtico, trabaja con el cincel y el martillo, sí, pero sin que sus ojos dejen de mirar al modelo.  Y un cristiano que crea que puede ser un verdadero cristiano sin tener puesta la mirada siempre en Jesucristo; un cristiano que crea que puede doblar diariamente al Hombre-Dios y se atreva a realizar su trabajo ordinario sin tener presente a su modelo Jesús constantemente ante sus ojos, intentará un absurdo y ensayará un imposible.

-No se puede reproducir sin ver al  modelo.  No se puede doblar alguien sin conocer a fondo el original.  Todo ello quiere decir que no se puede ser cristiano sin MEDITAR, sin REFLEXIONAR.

-¿Te refieres a la meditación formal?

-No me refiero a nada.  No hago más que exponer hechos.  Digo sencillamente que si no estudiamos a Jesucristo, nunca llegaremos a conocerle; que si no llegamos a conocer realmente sus modales y sus motivos, nunca podremos doblarle y que si fracasamos al doblarle, nunca seremos cristianos. Lo que digo es que el único camino bueno para conocer a Cristo es estudiarle con la oración. Los libros nunca proporcionan el conocimiento íntimo, de corazón que necesitamos.  Lo que necesitamos se llama “iluminación e inspiración”, o sea, en una sola palabra la GRACIA, que sólo se alcanza en la oración, con la oración y a través de la oración.

-De todos modos, insisto en mi pregunta. ¿Lo que pides es la oración formal?

-No Luis; no pido eso, si a la que te refieres es la que debe tener tres puntos y un coloquio precedido de tres preludios.  Pero sí pido que los cristianos oren.  Que mediten verdaderamente. Que mantengan conversaciones ininterrumpidas con Dios.  El formalismo es una calamidad, ya lo sé.  Pero tú quieres saber por qué somos tan inconscientes de nuestra dignidad y yo te digo que por no atenernos suficientemente a los “formalismos”.  Si hiciésemos una meditación formal todas las mañanas o a cualquier otra hora del día, no nos olvidaríamos tan a menudo de que somos dobles de Jesucristo,

-Bueno José, acaba de decidirte: o pides meditación formal o no la pides, en qué quedamos?

-Cuando digo meditar, Luis, quiero decir que seamos hombres de oración.  Cuando hablo de un hombre de oración, quiero decir un hombre que haga las lecturas meditando, que utilice con frecuencia las oraciones jaculatorias, un hombre que tenga pura intención en todas sus obras y que renueve constantemente esa intención.  Quiero decir que hay que ser un hombre que rece, que ame el Sagrario y a quien se vea muchas veces deteniéndose bajo su lámpara; un hombre que tome parte devotamente en la santa misa, y dé verdaderas gracias después de ella.  Es decir, un hombre que viva continuamente en la presencia de Dios.

Juancho, qué tal es tu vida de oración?  ¿Sabes qué diferencia hay entre meditar, rezar y orar?

Escríbeme pronto porque tengo que hacer un viaje.  No te extrañes si mi respuesta se demora un poco y la carta te llega de otro sitio.

Cariñoso recuerdos a los tuyos.

Afectísimo en Cristo,

PAFER

 

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