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Ciudadela de Dios


De Juan…

“Qué lindo el último capítulo del tal  “Dom R”, Cómo me ha hecho pensar y orar… Francamente siempre me ha parecido aburridísimo rezar,  Cuántas veces en el Colegio nos imponen el Rosario.  Eso sin contar que estuve en uno en el que nos hacían recitar como loros,  los Mandamientos de la ley de Dios y los de la santa madre Iglesia, y no sé cuántas cosas más: es decir no dejaban oír misa.  Cuando terminaban “nosotros” rezábamos por nuestra cuenta los siete pecados capitales que realmente era lo que vivíamos.  Qué horror.  No sé cómo todavía soy cristiano.

Un día oí un señor, creo que un prestante abogado, que debíamos cambiar nuestro “complejo” de ser cristianos por el “orgullo” de ser cristianos.  Creo que me he propuesto a seguir el consejo.

Dime una cosa: por qué no le enseñan a uno a orar?  Yo no sé mucho lo que eso es, pero cuando iba leyendo tu última carta, en un momento paré y charlé con Dios, le dije tantas cosas… No sé lo que me pasa pero sí tengo que charlar con alguien, aunque sea con Dios, es para quejarme de algo.  Dime: uno es naturalmente rebelde o de verdad hay motivos para serlo?  Cómo no ha de rebelarse uno contra quienes debieran infundirle el orgullo de ser cristiano?  No ha de rebelarse uno contra quienes no le enseñaron a orar y si le hicieron coger aversión a rezar?  Y en esto todos  son iguales: curas, monjas, frailes,  profesores de religión, etc.  Perdóname ser tan espontáneo cuando escribo.  Quiero que  leas en mi alma como en un libro abierto.  Soy un muchacho bueno sin saber por qué, yo no era así.  Pero desde que asistí a ese “Cursillo”… desde que me encontré con Cristo”… desde que pude hablarle de “TU””, charlar con “El”, contarle mis cosas, ya no puedo ser el que era antes.  Pero me entenderás si te digo que me he vuelto más rebelde? A veces me encuentro solo echando “ajos y cebollas” a quienes nos mantienen lejos de “El” y no nos hablan de “EL” y  casi parece que quisieran impedirnos acercarnos a “El”,  a Jesús, a nuestro amigo, el único que nos entiende, el único que nos comprende….  Es hasta cómico pero se me ha hecho tan familiar su presencia que a veces hasta le echo chistes y nos reímos juntos…¿ Esto es oración? A nadie me he atrevido a contarle esto, porque me da pena, tal vez se burlen de mí por ingenuo, por tonto, pero Jesús, “Chucho” como le llamo familiarmente, porque así llamaría al mejor de mis amigos, se ha convertido para mi en “alguien” cuando antes era “algo” y más antes “nada”.

Y a propósito “Dom R” habla de contemplativos, tú me transcribes una hermosísima frase: “si supiéramos contemplar la vida…… que es entonces la contemplación?  De esto si que ni siquiera he oído hablar.

Creo que me he extendido demasiado.  No acostumbro a escribir largo como lo has visto, porque no tengo de qué hablar, esta correspondencia por una parte, y el descubrimiento que estoy teniendo del cristianismo, me hacen sentir la necesidad de comunicarme con alguien, sobre todo con quien me entienda.

Que Dios te bendiga.

Juancho

P.D. Hace días venía notando que mi cuarto está mejor arreglado.  Hoy  Margarita me contó que era un pretexto que ella tenía para leer tus cartas, me pidió excusas por hacerlo sin permiso, pero me suplicó que se las dejara leer todas. ¿Qué te parece, habrá algún inconveniente?  Yo quisiera que nadie conociera estos secretos, puedo ser egoísta en esto?

 

A Juan…

“…Comienzo por el fin: Déjale leer las cartas a Margarita            pregúntale sus impresiones.  Por favor no me vayas a pedir que le escriba, no me alcanza el tiempo, no  sé  si ella conoce un libro  que se

llama: “Te vas haciendo mujer”.  Le servirá  mucho.  Si no lo tiene regálaselo el día de su santo.

Sobre las ideas de tu carta quiero referirme a dos: la oración y la             rebeldía.

Sí, todo eso que haces es oración.  La definición más fácil de oración es “una charla con Dios”, como se conversa con un amigo.  Se le cuenta todo. Si supiéramos escuchar a Dios, supiéramos contemplar la vida, todo nos hablaría de El, toda la vida sería una oración.

El otro punto al cual quiero hacer alusión es la rebeldía. Es una actitud propia de la juventud;  lo malo está en que generalmente los muchachos se rebelan contra todo lo bueno y contra quienes los pueden guiar por buen camino.  En cambio tú sientes rebeldía precisamente contra quienes no enamoraron tu corazón del único amor que no es engañoso.  Francamente no alcanzo a formarme un juicio de “responsabilidades. No puedo comprender que haya mala voluntad; tal vez hay incapacidad, descuido, pereza.  En fin: con criticar no solucionamos nada.  Rebélate contra todo lo que no esté bien,  pero sin quedarte en una actitud puramente negativa.

Me pides que te diga qué es contemplación; para usar tus términos te diré que me la pusiste “cuellona”, pero voy a darte gusto.

Tal vez está es la última carta.  Esta semana comienzan las Escuelas de líderes y posiblemente no voy a disponer de tiempo.

Son algo más de las 4.00 de la tarde.  Es domingo. Me acompañan Marcos y Álvaro. Una rondalla mexicana bellísima pone una nota de colorido y desde mi ventana tengo el paisaje soñador que me rodea y en lontananza el horizonte de una América en la que millones de muchachos adolescentes esperan que pensemos en ellos, que los amemos de verdad, que oremos por ellos ya que por ahora no podemos hacer más que orar por ellos, o es que acaso hay algo más importante que esto?

Charlemos sobre la contemplación.

No tengo experiencia en lo que es la contemplación.  Soy demasiado infantil en mis relaciones con Jesús para quedarme extasiado ante su esencia divina;  yo más bien le repito sin cesar que lo quiero mucho, mucho.  Charlamos todas las noches, a media noche,  cuando me despierto, porque lo siento siempre a mí lado.  El sabe que confío más en El que en cualquier persona de la tierra.  Le agradezco cuando me llama temprano (hoy por ejemplo a las tres de la mañana) para poder emplear esas horas en su servicio, esto es para mí como una ternura de su Corazón, porque la vida se me va y quiero emplearla hasta el último instante en hacerlo conocer y amar.

Lo veo en todas partes, siento sus ternuras a cada momento.  A El, por ejemplo le he agradecido tu cariño y delicadeza para conmigo.  El me hace sentir su presencia en esa paz de mi alma, no obstante mis pequeñeces y miserias pero El es Papá, es amigo del alma, es confidente, lo es todo.  Cuántas veces me imagino el momento en que me encuentre cara a cara con ese rostro divino que será mi embelezo por toda la eternidad.  Cuántas veces en una actitud infantil pienso: si pudiera arrancarle una sonrisa a ese Jesús a quien tanto quiero.

Me consagré a su Sagrado Corazón en mis años juveniles, jamás me ha fallado, ni en las cosas externas: El siempre cuida de mi honra y de mis cosas; yo procuro serle fiel, en no pensar sino en El y cuidar también de su honra y de sus cosas, para cumplir la parte que me corresponde en el compromiso, Como soy tan cariñoso mi corazón puede tratar de apegarse y entonces le suplico con todo mi corazón que no lo permita.

Desafortunadamente no dedico a la oración el tiempo que debiera, según mi convicción.  Sería feliz si fuera capaz de pasar al pie del Sagrario varias horas cada día.  Todavía no me ha concedido esa gracia, quizás algún día me la dé.

¿Todo esto es contemplación?, no lo sé.  Ciertamente mi vida es tan              deficiente, tan mediocre muchas veces, que no corresponde a lo que sé que debiera ser.

“Desciende un automóvil por la carretera que de Mosquera va a la Mesa.  Los esposos dialogan.  Los chicos se entretienen.  En el asiento de atrás viene un muchacho pensativo.  Frisa en los 18 años.  Está terminando bachillerato.  La noche anterior estuvo en una fiesta; tiene aceptación entre las niñas.  Su vida no es piadosa, pero siente el vacío de Dios. Su religiosidad es formalista. En todas partes se siente fuera de lugar.  No sabe qué carrera escoger, Viene ensimismado en sus pensamientos, En una curva se encuentra un gran letrero.

CIUDADELA DE DIOS

Te invitamos a conocerla y a orar.

El automóvil toma la curva apresuradamente, “¿papá, sabes qué es eso?” “No”, responde secamente el que maneja el automóvil: Ni SABE, NI LE INTERESA.  El muchacho reflexiona: “Ciudadela de Dios” es que acaso Dios tiene una ciudadela? y aquí en la tierra? y qué es eso de “lo invitamos a orar”? a orar… y como aviso en una carretera…

Todo el día está pendiente del regreso.  Se fijará muy bien donde es el sitio.  Y para qué preguntar, si nadie sabe y a nadie le interesa… lo mejor será… Si allí está el letrero.  No hay nada raro: un monte, un camino escarpado…

“¿Has ido a la Mesa?” pregunta en el colegio a uno y a otro, has    visto un letrero…?.  Programa para el próximo domingo vamos a ver qué es eso.

Cuatro muchachos, entre los 15 y los 18 años le han advertido previamente al chofer: “para en la ciudadela de Dios, por favor”.  Con el “sweter” amarrado a la cintura comienzan a subir por un camino empinado.  Tres cuadras arriba encuentran una casita campesina. Una modesta mujer les responde el saludo, “Si, la ciudadela de Dios queda un poco más arriba.  Siempre para encontrar a Dios hay que subir y subir… pero por qué no se toman un “tintico”.  No, no vale nada, con mucho gusto.  Somos campesinos pobres pero les agradecemos su visita”.

Aquí y allá se ven casitas modestas como la primera, pero tan bellamente arregladas.  Quiénes son estas familias campesinas..? Llegan a una pequeña explanada, una capillita rústica llama su atención; al pie otra casita del mismo estilo.  El interior de la capilla es extraordinariamente sencillo: un tronco rústico en el centro hace de altar; una lamparita indica que “la casa esta habitada”.  No se ponen de rodillas;  a ellos no les han enseñado a “saludar” al dueño de esa ciudadela.  No importa: ya los invitará a que sean sus huéspedes.  En la casita vecina encuentran a un joven  “señor”.  Al advertir su presencia se pone de pie, les extiende la mano, les palmotea el hombro, “sí yo soy el Padre” “tú cómo te llamas?”, ya son viejos amigos.  “¿Bueno padre y esto tan raro qué es?” “La ciudadela de Dios”, “sí ya lo sabemos, pero qué es la ciudadela de Dios?”.  “¿Leyeron el letrero de la entrada?”, “Claro que sí”.  “Como aquí no nos gusta engañar a nadie vamos a, orar un momento, a esto se les, invitó”.

Los muchachos están atónitos.  Todo es tan raro, el paisaje es soñador.  Las casitas campesinas le dan aire de pesebre navideño.  Pero sus moradores tienen algo especial, primero aquella familia campesina, luego este padre joven.  La sinceridad de sus palabras, la cordialidad de su trato. ¿ En qué mundo están?

Jesús, dice el padre de rodillas cerca al Sagrario, te presento a estos muchachos, quieren ser nuestros amigos, tuyos y míos, Si los traes es porque quieres que ellos también sean ciudadanos de esta ciudadela tuya.  Ellos todavía no saben hablarte, no saben sino dialogar con el mundo, pero ya verás qué cosas más lindas te van a decir en otra ocasión. Gracias por haberlos traído.  Gracias por esta nueva amistad.  Gracias por estos nuevos ciudadanos.  Ahora mientras damos un paseo, te invitamos a ir con nosotros…  Un ratico de silencio… Qué le dice Jesús a cada uno? ellos no podrían expresarlo; tal vez sienten más su presencia que su voz.  Salen.

“Me preguntabas qué es la ciudadela de Dios?” le dice el padre, poniendo su mano sobre el hombro del que tiene a su lado, mira, eso que ves: un pedacito de cielo en la tierra, unas familias campesinas que viven como vivió Jesús, como vivieron los primeros cristianos, un sitio donde la Juventud encuentra a Dios en la contemplación de ese cielo donde él vive, de esta tierra, obra de sus manos, donde vivimos nosotros para contemplarlo a El.  Pero aqui contemplamos a Dios no sólo en el paisaje, o por el firmamento, sino ante todo en las personas. Aquí oímos hablar el lenguaje de Dios,  sentimos palpitar el corazón de Dios…”

Resultó interesante el paseo.  Las familias campesinas tenían un no sé qué de divino en sus almas.  Los chiquillos se mostraban tan sencillos y cariñosos.  Con qué naturalidad alzó el padre al bebé de aquella casita; con qué interés preguntó si “la perla” había mejorado, “la reina seguía dando terneritos tan bellos”, si “la fumigación había eliminado la plaga”.  “Padre, y todo esto de quién es?”.  “De la comunidad”.  “¿Alguna comunidad religiosa?” “No, de la comunidad campesina”.  Imposible entender el lenguaje.  “Seguro que tú no has leído los Hechos de los Apóstoles; en el capítulo cuarto”….

En el bus de regreso los cuatro se quitaban la palabra, ninguno estaba de acuerdo en sus juicios: aquello era estrambótico, formidable, raro, heroico… cualquier apelativo le quedaba bien.

Aquella noche ninguno de los cuatro podía dormir.  Las imágenes se sucedían unas a otras: el paisaje, los niños, la paz, la bondad de los campesinos, la jovialidad del padre… realmente era otro mundo,

Cuando en la semana se encontraban el tema era obligado.  Los amigos comenzaron a interesarse y sin dejar nada, domingo tras domingo, otros y otros tenían idéntica experiencia.  Pero y la invitación del Padre?  Tres se pusieron de acuerdo “Convenido el próximo puente? Convenido.  Pero no vas a faltar…”

Y como quien llega a su casa, la víspera del puente más cercano, ya casi entrada la noche, los tres golpeaban a la puerta del padre.  “Qué gusto verlos, se resolvieron a ser ciudadanos?” “¿Dónde les gustaría?”  “¿Prefieren juntos o aparte?” “Creo que la experiencia de cada uno por su cuenta es mejor”.  “Bien, déjenme mirar como están los cuartos de huéspedes” “Tú puedes ir a “La loma”, Tú a “La laguna” y Tú ”al chorro”.  “Un momento”.  Al poco rato llegaron unos chiquillos, con la patica al suelo, pero llenos de gozo porque ellos eran los guías.

Media hora más tarde, el que fue a hospedarme en “La Laguna” estaba instalado en su cuartico de huéspedes de una familia campesina.  Todo era rústico y sencillo, pero limpio y decoroso.  Puso en el suelo su morral, en la tabla que hacia de mesa, su radio transistor.  No resistió el deseo de participar de “su comiso” a los niños y les ofreció un dulce.  Desde aquel momento fue huésped, mejor, fue miembro de esa familia.  Comenzó a aprenderse los nombres de todos, a decirles que a él podían llamarlo “Peter”, Peter decía un chiquito, Peter repetía el otro.  No se sabía quién preguntaba más, si él sobre ellos o ellos sobre él.

No podía dormir.  Qué vida más extraña, pero más apasionante.  Del fondo de su corazón salió espontánea una oración: “No entiendo,  Señor no entiendo, pero nunca me había sentido tan cerca a tí como en este lugar… la esperma chisporroteaba… ¿Qué quieres de mí?  ¿Por qué llena más la falta de todo aquí que el exceso de cosas en mi casa?  Comienzo a comprender lo que el Padre nos decía en el paseo: el corazón del hombre lo llenan las personas, no las cosas;  pero está hecho para que lo llene Dios y no las personas…”

El canto mañanero del gallo lo despertó varias veces.  Todavía no había luz solar cuando los habitantes de la casa comenzaron a ponerse en movimiento.  No resiste la cama.  No importa.  Sale. Los “buenos días”  llenos de afecto de unos y otros le llegan al alma. El también saluda con cariño, pero si es que ya es miembro de la familia.  Un “tinto” lo entona. Comienza a clarear.  Qué espectáculo, Dios mío,  El tan extrovertido, siente la necesidad de alejarse, de estar solo. ¿Solo? No… va a sentarse en aquel tronco ,  hay alguien invisible que lo espera para charlar con él.  Saca un cigarrillo, las volutas de humo nublan su mirada que se posa en lontananza.  Qué es este mundo? ¿Qué valor tienen las cosas? ¿Por qué la vida que lleva “con todo” no lo llena? ¿Qué tiene en cambio este sitio al que le falta todo pero lo tiene todo?…

Delante, a unos 80 mts. hay un paisaje de cielo; la Laguna de “Pedro Palo”.  No es  muy grande, tiene unos 700 metros de largo por 500 de ancho.  Tres lados están despejados, en el otro hay un bosque profundo.  Las aguas son tranquilas.  El sol que comienza a lanzar sus primeros rayos la va iluminando y el cielo azul comienza a reflejarse en ella.  No hay duda: es el espejo de Dios.  Dios la creó.  Cuántos siglos hará.  Dicen que es el cráter de un volcán, los campesinos la creen encantada.  Pero no es un duende el que la habita, es el mismo Dios el que hace sentir su presencia.  “¿Y así tan bello creaste el mundo, Señor? ¿Por qué los hombres lo destruyen?  Es que no te contemplan en él… “

No sabe cuánto tiempo ha pasado.  Lástima que le hayan interrumpido aquella conversación con ese alguien infinito.

El caldo campesino lo entona.  Cuándo se había imaginado que era tan sabroso comer en la cocina,  pero como ese es el comedor de la familia…

Todos se van a sus quehaceres.  El irá en busca del padre y de sus compañeros.  Las experiencias son todas muy parecidas.  ¿Programa?  Cada uno hace lo que quiere.  ¿Le gustaría utilizar algunos de los libros de la biblioteca? ¿Prefiere pasear? ¿No quiere hacer una experiencia curiosa, la de ayudar a los campesinos en su trabajo de ganadería o agricultura?  Hay gustos para todo.

Cuando está como “un mico” de barro oye el “tan tan” de la campana de la iglesita.  Los campesinos le advierten que a medio día el padre celebra el Santo Sacrificio.  Ellos se disponen a asistir, Nadie les insinúa nada,  pero cómo no ir a Misa. Es el encuentro más importante de todos los “ciudadanos” cada día,  De verdad que todos “celebran” la santa misa.  Casi todos se acercan a la mesa eucarística, todos cantan.  Es una verdadera comunidad de hijos de Dios.

En la tarde duerme un poco.  La soledad le causa mucha impresión, pero la paz de aquel sitio y de sus moradores va “lubricando” su alma, como el aceite a la máquina.

Le pareció un minuto la hora y pico que estuvo dialogando con el Padre.  “Es un gran tipo”, buen conocedor de problemas juveniles no hace aspaviento por preguntas que en el colegio le tomaron a mal.  La campana convoca nuevamente a la comunidad a las 5 y 30, “Qué es eso del  rezo de vísperas?” y con qué propiedad lo hace esa gente sencilla.  Y la oración comunitaria que sigue luego: pero si le hablan a Jesús como si lo tuvieran presente… pero es que acaso no lo está?  Salen de la lglesita cuando comienza a oscurecer. Todo el grupo se divide en tres: éstos tienen una reunión de la comunidad para resolver unos asuntos pendientes; aquéllos leen en la biblioteca ciertos libros que les interesan; “Cría de conejos”, “El perro el mejor amigo del hombre”, etc.; en el otro saloncito están los bullangueros, los que juegan parqués y damas, amenizados por “la murga”.  El padre se multiplica por tres; a éste le “da su mano” en damas, al otro le insinúa que este libro le resulta mejor que el otro y llega a la reunión a tiempo de informarse que resolvieron vender el “barcino” y “dar el ribete” para comprar esa vaquita que es de buena  clase.

Esa noche tiene sueño, pero mientras sus ojos se cierran, su fantasía le repite una y otra vez esa melodía “buenas noches, buen Pastor; buenas noches buen Pastor”.

Qué curioso, en el bus de regreso a Bogotá, en la última tarde del “puente”, los tres no conversan tanto.  Quisieran continuar en esa contemplación de lo eterno en que han estado sumidos durante tres días; quisieran también comunicar esa vivencia.  Hace tres días venían “tres”, hoy regresa “uno”, “el amor de Cristo lo congregó en uno”, ese Dios de la contemplación, se convirtió en el Dios de su vida,  nadie les dijo nada, salvo la pregunta ingenua de un chiquito, si habían comulgado ese día,  pero ¿cómo llegar a ser ciudadanos de la “Ciudadela de Dios”,  sin que El tomara posesión de sus almas?

Fueron los tres primeros, luego vinieron otros y otros y la “Ciudadela de Dios” se va extendiendo, y la oración se levanta ahora de muchos corazones juveniles y produce en los oídos de Dios una melodía como “de citaristas que citarean sus cítaras”.  Y en medio de este mundo, donde todo es “concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida”, se levanta una Juventud contemplativa, que “ha creído en el Amor”.  Ahora si entienden ese letrero grande:

SI SUPIERAMOS ESCUCHAR A DIOS

SI SUPIERAMOS CONTEMPLAR LA VIDA

TODA LA VIDA NOS HABLARLA DE EL

TODA LA VIDA SERIA UNA ORACION

Afectísimo en Cristo,

PAFER

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