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Consiente de mi Dignidad


De Juan….

“Había oído hablar de las “ideas-fuerzas”, del “laitmotiv” que no sé si está bien decir en castellano “la idea fija”.  En todo caso, esto del “doble del Hombre-Dios” se me ha convertido en una idea fija.  Me ha hecho tanta impresión…

Yo había oído hablar del “doble” de trazan, y en más de una ocasión en mis fantasías juveniles me había sentido “cuajado” como él,  “macho” como él, y otro él cuando me subía con agilidad a un árbol o me mecía en un bejuco. Pero ser yo ahora “el doble” de Jesús… me queda muy “cuellón”, como decíamos en nuestro lenguaje común.

Tú no te das cuenta de cómo nos imaginamos las cosas los muchachos, He oído hablar de santidad, pero esa palabra no sólo me aterra, sino que me fastidia.  Que yo sea un santo, en primer lugar se me hace ridículo, porque no paso de ser un pobre diablo, igual a cualquiera.  En segundo lugar me imagino de “santo” parado incómodamente en la repisa de una iglesia, con unas cuantas “beatas” al pie, encendiendo velas y “cuchicheando” quién sabe qué… y usted comprende que eso no le atrae a nadie.

Y lo peor de todo, los pocos que hablan de santidad posiblemente no creen mucho en eso porque su vida tal vez no es la de un santo, En últimas: Dónde puedo ver un santo?  Me imagino que se encuentra en un convento de monjitas,  pero por eso la Iglesia las encierra para que uno no las vea y no sea santo como ellas… Qué bárbaro.  Que estupidez la que acabo de decir… pero en fin, como no lo entiendo,  no sé hablar de eso.

Tengo una curiosidad conmigo mismo: ¿Por qué converso contigo sobre temas tan serios, si a mí lo que me encanta es hablar de football, de niñas bonitas, de carreras de bicicletas?

¿Sabes otra cosa?  Entre muchachos la mayoría de las veces hablamos cosas  no muy buenas y a veces muy malas.  Pero vengo notando, que de un tiempo para acá hay muchachos que hablan de apostolado, que programan cosas interesantes, que no son como los otros en lo malo, y sin embargo son alegres, estudiosos, deportistas.  Sobre todo me llama la atención que todos quieren invitarlos a fiestas y a programas: Será que ya ellos oyeron eso del “doble”?

Me estoy alargando demasiado,  pero no sé por qué me interesa ahora tanto estos temas. ¿En qué paró la historia del “doble” de Hollywood?  Por qué  tú ahora no me hablas de otra historia: de la del “doble de Jesús”?

Tú me has dado muchas demostraciones de afecto e interés por mí, ¿quieres darme ahora otra?, ¿Sí? Respóndeme pronto y largo.  Por las noches mientras me duermo leo y releo tus cartas.  Es tan agradable eso de que le escriban a uno…

Recibe un fuerte abrazo de:

Juancho

A Juan…

“Yo también leo y releo tus cartas y mi “idea fija” eres tú y los muchachos de tu edad.  Quisiera estar con todos, dialogar con todos, escudriñar en la profundidad de su alma grande, hacerlos comprender cómo son de nobles.

Lástima que yo no sepa escribir.  Además, no sé qué más se puede decir, si los libros magníficos se cuentan por millones.  A los muchachos les encanta leer,  pero no libros de formación,  porque se les hacen largos y pesados.

Te propongo una cosa Juancho, yo continúo transcribiéndote el librito que tanto está apasionándote, con los acomodos que son de mi propio caletre,  si  tú continúas escribiéndome, te prometo escribirte siempre y transcribir páginas bellísimas del libro sobre juventud; quizás así te arriesgues a leerlo completo.

¿Quieres que dejemos el tema de “santidad” para después?  Lo entenderás mejor.  Van otros párrafos del famoso librito, no mucho para que esta carta no resulte tan larga.

CONSCIENTE DE MI DIGNIDAD

Al fin me volví lentamente.  Pero en vez de entrar a la casa me dirigí a la iglesia y, arrodillándome allí, bajo la vacilante luz del santuario, apareció ante mi la maravilla de mi dignidad como cristiano a plena luz. Jimmie me la había hecho ver con una claridad como nunca la había visto antes.  Había utilizado la palabra doble, y en esa sola palabra, veía yo mi dignidad y mi deber.  Tengo que DOBLAR a Jesucristo.

Sí, era cierto.  Yo no era solamente seguidor de Jesús; yo no era solamente un imitador de Cristo.  Yo era más, mucho más.  Yo era, su doble mismo.  El doble es la única palabra adecuada, la única que describe completamente mi ser, la única que dice con precisión, exactamente, lo que es un cristiano.  Todas las demás se quedan cortas ante la realidad.  Todo católico, en efecto es un “seguidor de Cristo”;  todo miembro de la Iglesia debe ser su imitador.  Pero un cristiano es algo más.  Sustituido es también un buen vocablo, como lo son embajador y gerente, y, sin embargo, no son completamente adecuadas. ¿Por qué un sustituto tiene que parecerse al sustituido? y un gerente o embajador pueden ser bien  distintos del original, y sin embargo, ser un buen embajador o un buen gerente?  Pero un buen cristiano nunca puede ser distinto de Jesucristo y ser un verdadero cristiano.  Hasta el antiquísimo y generalmente aceptado concepto de “según Cristo” no es tan adecuado ni tan perfectamente descriptivo como aquellas palabras que Jimmie pronunció al explicarme lo que era un doble y lo que un doble hace.  Efectivamente, el cristiano es un doble del Hombre-Dios.  Es otro El; “el cristiano es otro Cristo”.

Esta es la verdad, la tremenda verdad.  Yo soy el doble de Cristo.  Al captar la hermosura grandiosa de este concepto, mi corazón se inflamó con el triunfo de ser no sólo un hombre, no sólo un seguidor, no su cercano imitador sino de ser su propio doble. Jimmie comprendió la maravilla de esto, y aún siendo ateo no pudo menos que exclamar: podría pedir más el hombre mortal?  El sonar estas palabras en mis oídos, al apoderarse de mi corazón la verdad de la belleza de mi posición, estuve más cerca de las lágrimas de lo que había estado nunca antes, Tenía razón Jimmie, que más podría pedir un hombre mortal.  Y yo llevaba varios largos años ungido, consagrado por el bautismo, sellado con una marca indeleble con el propio doble de Jesucristo, sin haber adquirido la conciencia de mi DIGNIDAD.  Qué dignidad, qué destino, qué deificación la mía.  Ser un doble del Hombre-Dios.

Postrado de hinojos ante el original oculto tras la puerta del Tabernáculo, me golpeé el pecho exclamando:

Oh Cristo de Misericordia,  perdona al que debió estar doblándote durante todos estos años y con harta frecuencia obró y actuó sólo por sí mismo.  De hoy en adelante sólo te pido una gracia, Dios mío: la de siempre ser, en todas partes, en todos los momentos y con todas las personas consiente de mi dignidad.  Haz que recuerde siempre que soy tu doble, que he de andar como Tú, hablar como Tú,  aparecer como Tú… Y aún más, ser como Tú.  Jesús mi modelo, mi Maestro, mi rey, mi estrella,  ayúdame siempre a tener esa conciencia de mí dignidad.

Ah Juancho, tú y yo somos cristianos y desde el día de nuestro bautismo, somos Cristo, miembros vivos de ese cuerpo vivo, hijos del mismo Padre,  que está en los cielos,  templos del mismo Espíritu de Jesús.

¿Qué hace el “doble” cuando se acerca al “original”?  Mirarlo, escucharlo, imitarlo.  Que cuando nos acercamos a la sagrada eucaristía veamos a Cristo bajo las apariencias del pan, escuchémosle en su silencio que nos dice que muramos a nosotros mismos como el grano de trigo, cuando lo recibimos en nuestro corazón debemos exclamar como San Pablo:  “Vivo, pero no, no soy quien vivo, es Cristo quien vive en mí”, luego mis pensamientos, mis palabras y mis acciones, deberán ser los de El,  si así fuera… el doble de una película es un ser sin personalidad, en cambio el doble de Cristo tiene una personalidad auténtica,

Pidamos a Jesús que convirtamos en vida estas hermosas realidades.

Afectísimo en Cristo,

PAFER

 

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