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Hombres de una sola idea


De Juan…

“Tu carta me volvió loco.  No sabía qué hacer pero tengo que decirte que tuve que parar porque se me empañaron los ojos.

Si eso es contemplación la cosa es más fácil de lo que parece; porque si orar es charlar con Dios, contemplar es ver a Dios en todas las cosas.  Qué rabia, -me tengo que aguantar para no decir una mala palabra- ¿Por qué no nos enseñan estas cosas? ¿Por qué convierten la religión en negación, en temor, cuando descubrir a Jesús, amar a Jesús, charlarle a Jesús es lo más bello que existe?  Aquí sí que hago mías las palabras de Jesús para decirle: perdona a los profesores de religión porque no saben lo que hacen.

No sé a quien le escuché la frase “contemplar y hacer conocer a otros lo contemplado”. ¿ Pero cómo puede uno callarse ante un paisaje tan arrebatador, donde la presencia amorosa de Dios es tan manifiesta?.

Ahora el soñador soy yo, veo con mi imaginación aquella montaña, aquella laguna, veo en el día la imagen de Dios que se refleja en esas aguas cristalinas y en la noche contemplo el desaparecer ese espectáculo que luego se ilumina con la luz de las estrellas, a través de las cuales se asoma Dios para cuidar con mirada vigilante el descanso de sus hijos.

Si supiéramos contemplar la vida… No sé cuánto tiempo ha pasado,  paré de escribir y me puse a contemplar.  Perdón: el borrón se debe a una lágrima que cayo sobre el papel.

Afectísimo en Cristo,

Juancho

 

A Juan…

“También yo he soñado contigo… Comprendo tu impaciencia, tus rabietas,  Estás exigiendo un derecho, el más importante de todos: el de conocer los caminos que llevan a Dios.

Yo mismo me he preguntado varias veces por qué se necesita hoy ser un gran teólogo para conocer verdades que San Pablo exponía a los cristianos de su tiempo, que era gente sin gran cultura y muchos de ellos analfabetas.

Te parecerá increíble si te digo que el plan de Dios para la creación del mundo y del hombre expuesto en la carta a los Efesios viene a entenderlo cuando llevaba ya más de 30 años de ser sacerdote.

El Papa Pablo VI escribió una Encíclica sobre problemas sociales y dice que para el progreso de los pueblos se necesitan todos los adelantos de las técnicas modernas,  pero más que eso “hombres de reflexión profunda que descubran los valores de la oración y la contemplación” (PP n. 20).  Comprendes, Juancho, que la contemplación no es exclusiva de los monjes, sino requisito para que los técnicos puedan hacer avanzar el mundo.

Me admiro cómo si es posible charlar sobre temas tan serios con muchachos de 17 años.  Ahora te corresponde a ti hablar de estas cosas a tus compañeros de barrio y de colegio y mostrarles estas cartas.

Que  Jesús te conceda la gracia de contemplarlo en este maravilloso mundo que el Señor ha creado y que los hombres destruyen a veces y embellecen otras para que se vea su obra y no la de Dios.

Que el amor de Dios se te convierta en una idea fija.

HOMBRES CON UNA SOLA IDEA

-Un hombre sencillo es un hombre con UNA SOLA IDEA ABSORBENTE.  Sólo tiene una idea que penetró por su cabeza hasta hundirse en su corazón y constituye la vena yugular de su sistema sanguíneo.  Cuando digo totalmente absorbente, es eso precisamente lo que quiero decir: Totalmente absorbente.

-¿Esa es tu idea de la sencillez?  ¿Ese es tu concepto de un hombre sencillo?

-Sí, eso es, Luis, Tal hombre es un individuo intenso, Su única idea se ha convertido en pasión arrebatadora.  Es su único modelo, la única norma verdadera que aplica a todo.

-¿Crees que la ausencia de multiplicidad es el mejor camino para la sencillez?

-Exactamente, Y ya ha surtido efectos, Luis.  Recuerdas a San Pablo: su única idea era Cristo.  San Bernardo;  su pregunta única y continua era: “¿Para que me hice monje?” La de San Luis Gonzaga era: “¿De qué sirve esto para la eternidad?  San Estanislao se repetía a sí mismo incansablemente que había nacido para cosas más altas, y San Ignacio se sentía espoleado siempre por su frase: a la mayor gloria de Dios.  Esa clase de sencillez es la que lleva a la santidad…

-¿Y nosotros hoy en día…?

-Pues lo que llevo diciendo es siempre la misma idea: somos un doble de Jesucristo, que esta frase penetre un nuestras venas, que sea nuestra única norma, la medida con que juzguemos lo que ha de hacerse y la forma en que ha de hacerse, que se apodere de nuestro corazón y seremos verdaderos cristianos.  Permíteme insistir una vez más en que la oración matinal introducirá esta idea en nuestro corazón y el examen de la noche la sostendrá.

-Ah. ¿Eso es lo que quieres que haga con mis diez minutos de la noche,  no?  Casi me había olvidado de ellos, es decir, tú quieres un examen nocturno de conciencia, no es eso?

-Sí, Luis, y es tan importante, como la oración matutina, es una comprobación perfecta de lo que hemos hecho y por qué lo hemos hecho, si nos examinamos verdaderamente todas las noches, llegaremos a saber cuándo, dónde y por qué fracasamos en nuestro doblaje de Cristo, semejante examen vendrá a ser como el espejo para nuestro maquillaje.  Al mirarnos en él todas las noches, nos veremos tal y como somos,  no como nos imaginamos ser.

-Ese punto es muy interesante.

-Mi plan para ser un cristiano mejor, casi me atrevería a decir un cristiano perfecto, es éste: Una mirada al modelo todas las mañanas y una mirada al hombre que intentó reproducir al modelo todas las noches.  Seguido fielmente, hará que vivamos rectamente y nos encontremos dispuestos a morir cada noche. ¿Es fácil, verdad?  Y sin embargo, admitirás que está bien fundado.

-Sí, José.  Es un plan sencillo, práctico y al alcance de todos, pues no existirá uno solo que no pueda disponer de veinte o treinta minutos por la mañana y diez o quince minutos por la noche para realizarlo,

-Y si no se puede disponer de ellos, se inventan.

-Conforme. Ahora bien; lo que preocupa es si conseguirás hacerles seguir tus ideas. Tú estás entusiasmado.  Ha aparecido de pronto en tu camino una nueva idea, una verdadera gracia, y la enarbolas como la panacea que puede curar a todos los cristianos. Yo he estado recapacitando mientras te escuchaba.  Has profundizado mucho y tu lógica no ha fallado.  Dices que fracasaremos porque no meditamos.  Por eso, propones la meditación matinal que ha de influir en nuestra jornada entera, con remedio universal para nuestra maldita mediocridad y para otras cosas aún peores.  Es un método curativo, no lo niego;  pero ¿será el adecuado y el UNICO?  Eso es lo que quisiera yo saber.  En fin, voy a consultarlo con la almohada esta noche y mañana cuando venga Eduardo nos reuniremos los tres, volcaremos juntos nuestras experiencias y veremos si llegamos a donde necesitamos llegar, A la mejora de nuestra condición que, aun no siendo mala, no es todo lo buena que debería ser.

Después de decir esto, Luis se fue y yo permanecí horas y horas sentado y cavilando; cavilando en las maravillas que podrían alcanzarse si la juventud de hoy llegará a inflamarse con la idea de que sólo tiene un UNICO trabajo que realizar: el de

DOBLAR A JESUCRISTO.

¿Qué tal si tú eres el primero que te propones este ideal?  Quiera el Señor que así sea.

Afectísimo en Cristo,

PAFER

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