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De Juan…

… quiero contarte una cosa chistosa: Margarita ha seguido leyendo tus cartas; yo las dejo sobre mi mesa y le pido a ella que me arregle mi cuarto.  Un día le dije que podía leer cualquier libro o cualquier otro escrito que hubiera en mi escritorio que nada era malo, ni nada secreto, sin hacer alusión ninguna a las cartas.

Ella me pide con frecuencia que la invite cuando vaya a comulgar, que generalmente es por la tarde al regreso del colegio de ambos.  Para mi es mucha dicha porque a veces me da pereza ir y si no fuera por su compañía tal vez no comulgaría algunos días.

Una vez me preguntó tímidamente si yo nunca había pensado en ser sacerdote.  Me contó que había conversado sobre este punto con Mónica, una amiga de la familia de enfrente. Le respondí sencillamente “nunca”.  Pero a mi vez me pregunté por qué hacia esa pregunta, Esto dio ocasión para que charláramos sobre el particular, ¿Por qué no puede uno ser auténtico cristiano sin que ya lo quieran meter a un seminario?

En el colegio a veces algunos me llaman, tal vez despectivamente, “el cura”; ya no me fastidio, pero me admiro.

Hasta un sacerdote con quien me confesé el otro día, al interrogarme cuánto tiempo hacia que vivía permanentemente en gracia y al oír mi respuesta: “unos dos años” inmediatamente me preguntó: no has pensado nunca en ser sacerdote?  “No”, fue mi rápida respuesta, posiblemente tan cortante, tan drástica que no se atrevió a insistir.

Esto me ha hecho pensar: ¿Por qué no hay sino dos clases de jóvenes, los malos, los corrompidos, a quienes ni siquiera se les invita al apostolado y los más o menos buenos, de quienes se piensa que ya van a ser “curas”?  Es lo que más me ha apasionado del librito del famoso “Dom R”. , que no sé quién es, pero a quien le siento cariño, habla sencillamente de los cristianos como dobles de Cristo.  Por su condición de doble el cristiano hace oración todas las mañanas, examen todas las noches, vive de fe, tiene temor de ofender a Dios a quien considera como Padre.  Para ser “mejor doble” lo recibe cada día y convierte sus acciones ordinarias en una continua oración. ¿0 es que esto no puede hacerlo uno sino cuando piensa en ser sacerdote? ¿Y el que no tiene vocación?  ¿Y el casado?  ¿Y las mujeres?  Explícame esto, por favor.

Yo quiero ser un perfecto doble de Cristo, pero no pienso ser sacerdote, creo que no tengo vocación.  Me encantan los niños.  Seré muy feliz si puedo formar un hogar en el que Jesús pueda escoger a un hijito mío, no sólo para que sea su doble sino para que sea otro El.  Qué dicha si soy el padre de un sacerdote.

Y como si algo faltara, pareciera que el apostolado fuera un “monopolio” de los sacerdotes.  ¿No tenemos los laicos un puesto?  ¿Es una intromisión la nuestra o es derecho o quizás una obligación?

Cuántos ensayos hice para conservarme sin pecado, Lo prometí mil veces.  Pedí consejos a cuantos pude, y solamente el día que comencé a pensar en los demás, a amar a los demás, ese día comencé a triunfar y esto hace como dos años.  No es que no tenga tentaciones.  No es que no oiga en el colegio conversaciones incitantes.  No es que no vea en la calle cosas desagradables.  Pero no tengo tiempo para eso y estoy convencido de una frase que oigo repetir con frecuencia “en pecado mortal no se puede hacer apostolado”.

Perdóname.  Me he alargado demasiado en esta carta.  Cómo me gustaría que me trataras extensamente estos dos puntos: cristianismo auténtico y apostolado.  ¿Estoy equivocado en mis pensamientos?

Recibe el saludo de Margarita, Jorge, Tarcisio y el de

Juancho

 

A Juan…

“……  Nuevamente me parece escuchar en ti la voz de la juventud, de esa que es noble, grande, generosa, de esa que no se arrastra por el suelo sino que quiere elevarse a las alturas, como el águila (a propósito, sabes que el águila es el emblema de Juan, el apóstol?).

Quedan pocas páginas para terminar el libro de Dom R. ¿Quieres que acabe esta trascripción, para no interrumpir la idea que él lleva y luego te dedique unas cuantas cartas para responder varios interrogantes que han venido quedando pendientes en estas cartas?

En el capítulo que voy a transcribirte, “Dom R.”, habla de cómo el apostolado debe transformar a todas las personas que se encuentran a su alrededor.

Ten un poquito de paciencia que no quiero confundir las bellas ideas de “Dom R.” con las sencillas que a mí se me ocurren.  Te ruego no vayas a “regañarme” como lo hiciste en otra carta por no responder de inmediato a tus inquietudes, pero espero dejarte ampliamente satisfecho.

El capítulo si titula: resultados.

Nota:    No olvides que el último párrafo era: “La tarea que tenemos ante nosotros y la que tienen todos los cristianos es hallar la manera de andar, de hablar, de actuar, de vivir, de ser y de amar como Jesús”.

RESULTADOS

-¡Cómo cambiará nuestra actitud hacia todas las cosas si alguna vez llegamos a hacerlo!  Por ejemplo, al tratar con mujeres, recordaremos que unas son Magdalenas, y han de ser trocadas en Marías; que existen las Martas, preocupadas por muchas cosas y necesitadas de aprender que “sólo una cosa es necesaria”.  Si soy capaz de doblar perfectamente a Cristo, podré levantar a más de una hija de Jairo y devolvérsela a sus padres; ahora todo el mundo femenino necesita a Jesús y lo necesita desesperadamente, pero sólo existe una manera de alcanzarle y es a través de sus dobles.  Cuántas samaritanas se hallan en pie junto al pozo de Jacob pidiendo el agua que da la vida. Cuántas realizan audaces esfuerzos “para tocar solamente el borde de su túnica”, Contad las viudas que han de ser consoladas por la muerte de su único hijo.  Sí, existe un mundo entero de mujeres que ganar para Dios, y son los dobles de El quienes habrán de ganárselas.  Si lo hacen, Cristo tendrá seguidores aún cuando todos sus discípulos hayan huido, pues las mujeres son más valerosas que los hombres.  Subirán al Calvario, estarán al lado de su cruz, asistirán a su entierro, y al apuntar por oriente el sol de Pascua, se las hallará apresurándose hacia su tumba.  Todo esto es lo que podremos llevar a cabo en el mundo de las mujeres si tenemos conciencia de nuestra dignidad, si doblamos bien a Jesucristo.

-Es impresionante.  Buena labor, José.  ¿Qué te ha parecido, Luis?

-Estupendo, Eduardo. Y fíjate, además, lo fácil que es aplicarlo también al mundo de los hombres.  Piensa en los Mateos que han de ser arrancados de sus mesas de cambistas y convertirlos en seguidores de Cristo.  Piensa en los escribas y en los fariseos que presumen de legalismo y lo que les falta es contacto íntimo con Cristo.  Piensa en las turbas de pobres que han de ser confortadas y sacadas de su desesperación por medio de las Bienaventuranzas.  Piensa en los millares de leprosos mentales que suplican al Hijo de David que los purifique… El Hijo de David puede hacerlo y lo hará… Si nosotros doblamos al Hombre-Dios.

-Ya ves, Eduardo, como no hay dificultades para la aplicación.  Ni cabe dudar de los resultados prácticos, si cumplimos con nuestro deber. La idea de que estamos doblando debe absorbemos y hemos de estar penetrados de nuestra dignidad y nuestro deber en todos los momentos.  Debemos hacer vida social, pero sólo como dobles de Jesús. Podemos comer en muchas casas como la de Simeón el fariseo y tal vez, si reproducimos realmente al Hombre-Dios alguna Magdalena podrá llorar y habremos de perdonarle mucho porque era mucho lo que había amado.  Hay muchos publícanos que como Zaqueo, tratan de ver a Jesús; sin conseguirlo por su baja estatura.  El mundo entero está suspirando por Cristo.  Pobres y ricos, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, pecadores y ultrajados.  Y han de seguir suspirando, a menos que nosotros los cristianos dejemos de darnos por satisfechos sólo con hacer “Nuestro trabajo” y empecemos a vivir nuestra vocación…. ¡empecemos a SER Jesucristo las veinticuatro horas del día!.

-Ahora sí que lo veo claramente.  Entra en todos los aspectos de nuestra vida, en todas las esferas de las actividades del mundo.  Debo intervenir en política…, pero sólo como hizo Cristo, para insistir en que todos den al César lo que es del César, pero sólo lo que es del César… Debo conocer el mundo de las ciencias y las letras… En fin, tengo que ser “todo para todos” como lo fué San Pablo, sin otro propósito que el de “ganarlos a todos para Cristo”.

Si, Eduardo; más no olvides que lo primero que hay que hacer, es SER  Cristo. En otras palabras contemplo la luz como una gracia y debo cooperar con la gracia.  Por lo tanto, lo primero que debo hacer es cambiarme a mí mismo.  Debo saturarme de la verdad de que soy su doble.  Esforzarme sin piedad hasta que esa idea forme parte de mi ser; tanta parte de mi ser, que vea todas las cosas como las vio Cristo, desee tan sólo lo que Cristo deseaba y ame exactamente igual que El amó y ama.  Este proceso de convertirse en doble comienza interiormente. La meditación diaria y el examen nocturno es el medio más eficaz.  Eso es lo que yo llamaría cooperar de verdad con la gracia de Dios en mi mente, No hay duda de que esto es una gracia.

Como ves, Juancho, “Dom R.” vuelve siempre a lo mismo y no hay santidad posible sino está fundada en estos dos sencillos actos de cada día.  ¿Qué tal vas en su práctica?

Afectísimo en Cristo,

PAFER

 

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