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Sacerdocio


De Juan…

“… No sé qué piensas  pero no pude evitarlo; el cartero me entregó tu carta cuando salía para el colegio.  La abrí en el bus pero no pude leer nada porque iba muy lleno.  Al llegar faltaban unos cinco minutos para entrar.  Me dediqué a leerla con avidez.  Cuando me di cuenta un grupo de compañeros me rodeaba, “¿Carta de la novia?” fue su espontánea pregunta: “No, les dije, es de un Padre amigo” “y luego los curas escriben cartas tan largas?”.  ¿Qué quieres decir: “veinticinco?”.  Fueron tantas las preguntas que me hicieron a la vez que en últimas no me dejaron leer la carta.  “Cómo me gustaría que alguien me escribiera”, fue el último comentario de alguno.  Entramos a clase que precisamente era de Religión.

No sé si en todos los colegios hay la misma costumbre: la clase de trigonometría o de física es a la entrada por la mañana cuando uno está fresco; la de religión es la primera de la tarde, la peor hora del día; el profesor no es de los mejores y para que nada falte, el texto es el más mal impreso.  Naturalmente nosotros sacamos la conclusión de que la clase de religión es la menos importante y la más aburrida.

Pero así no fue la clase del viernes, como de costumbre el profesor comenzó a explicar y cada uno a encontrar la manera de aprovechar el tiempo lo mejor posible.  Como varios de mis compañeros hacen otras tareas mientras tanto, yo saqué mi carta y me puse a leerla.

No me di cuenta cuando el profesor preguntó mi opinión sobre lo que estaba explicando, Cuando mis compañeros me llamaron la atención yo levanté la cara aturdido, no sabía ni que responder ni qué preguntar.  La carcajada de todos me desconcertó más y respondí automáticamente al profesor cuando me preguntó: “¿Qué es eso?”, “unos apuntes de espiritualidad”.  “Tráigamelos”, me dijo secamente, se los llevé.  ¿Qué quiere decir “veinticinco?”.  “Es la numeración de nuestra correspondencia” le respondí, sin dar más explicaciones.  “¿Puedo leer?” me preguntó respetuosamente, “sí usted lo desea”, le contesté,

No puedo describirte el entusiasmo del profesor y de mis compañeros.  Fue la primera vez que nos habló del concilio, Se ve que no tiene más información que la de la prensa.  Me pidió que le dejara la carta, le prometí que más bien le sacaba una fotocopia.  Las clases de esta semana han sido todas sobre el tema de la carta, Me ha pedido que le muestre las otras, qué me aconsejas?  Cuando a uno  le  escriben, uno

no quiere que nadie conozca la correspondencia, pero estas cartas podrían hasta servir para que las clases de religión sean más amenas y más vitales, ¿Qué tal si todos, comenzando por el profesor, nos convertimos en “Dobles de Jesús?”.

Tú me decías que estas cartas eran para mí y no para el profesor de religión, pero ya ve que también a ellos les interesa.  Plagiando el tema de una novela que leí hace poco, tengo que decirte: “al profesor no hay quien le escriba”.., que al menos lea mis cartas.

Afectísimo,

Juancho

 

A Juan…

“…     Los caminos de Dios son inescrutables, dejémonos guiar por Él.  Si aquí en la tierra confiamos en nuestro Padre, en nuestro amigo, en nuestro hermano, El es nuestro Padre, nuestro Amigo, nuestro Hermano, es nuestro Todo, con mayor razón debemos entonces confiar en El.

Así como al leer tus cartas me parece oír en tus palabras la voz de una juventud que pide santidad, así es posible que muchos encuentren en la lectura del libro de Dom Raymon “El doble del Hombre-Dios”, la respuesta que ansiosamente buscaban.  Por lo tanto haz conocer del mayor número de personas posible, especialmente jóvenes, estas cartas.  Los profesores, los padres de familia, los sacerdotes descubrirán en ellas algo de la grandeza que encierra el alma juvenil; y la juventud encontrará un ideal por el que vale la pena vivir.

En una carta pasada me decías una cosa aparentemente contradictoria pero que son la expresión inconsciente de una vocación divina, “quiero ser “sacerdote”, pero no “cura” me escribías.  Yo te rogué que dejáramos el asunto para más tarde, Charlemos hoy sobre esto.

Es precisamente el concilio el que nos llama la atención sobre tema tan importante; voy a intentar exponerte esas enseñanzas de la manera más sencilla:

1. Por el bautismo nos convertimos en “miembros de Cristo”, en “otros Cristos”.

2. Cristo es el Sumo y Eterno Sacerdote.

3. Luego nosotros, por el hecho de ser cristianos, participamos del sacerdocio de nuestra “cabeza”.

4. La participación del sacerdocio de Cristo es distinta en los cristianos, según la vocación a que han sido llamados por los eternos designios del amor de Dios.

5. Hay dos clases de Sacerdocio que se distinguen no por un grado mayor o menor, sino esencialmente; el de los sacerdotes y Obispos que se llaman “sacerdocio ministerial” y el de los fieles, que se llama “sacerdocio común”, no sacerdocio laical, como lo llamas en una de tus cartas.

6. El sacerdocio ministerial fue el que Cristo confirió a los Apóstoles y ellos a su vez a otros como consta en los Hechos de los Apóstoles.  La palabra “ministerio” fue pronunciada por primera vez por los labios de San Pedro (Hechos 11, 1 7 y 25).

En este sacerdocio hay dos categorías nombrados ya por los hechos de los apóstoles: los “Presbíteros” de la Iglesia (Hechos 20, 17) y los “obispos” puestos por el Espíritu Santo para apacentar la Iglesia de Dios (Hechos 20, 28).

7. En el Evangelio encontramos a Cristo como Sacerdote, como

Profeta y como Rey,

En su condición de Sacerdote dice a su Padre desde prime momento que llega a este                   mundo “sacrificio y ofrendas no quisiste; holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron, pero me formaste un cuerpo.  Entonces dije: Mira que vengo para hacer oh Dios, tu voluntad” (Hebr.10, 5-7) y San Pablo aclara: “tal es el pontífice que necesitamos: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores y más sublime que los cielos, el cual no tiene necesidad, como los pontífices, de ofrecer víctimas… esto lo hizo de una vez ofreciéndose a sí mismo (Hebr. 7, 26-27).  Puede resumir su vida en dos frases: “lo que al Padre le agrada lo hago siempre” (Jn. 8, 29) y “he llevado a cabo la obra que me encomendaste” .

¿Qué concepto tienes de la palabra Profeta?  ¿Un individuo que anuncia cosas futuras?  Ese no es el verdadero significado.  Profetizar en griego está compuesta por dos palabras profetizar, quiere decir: hablar en lugar de otro.  El profeta habla en nombre de Dios, En este mismo sentido dice Jesús: “las palabras que yo pronuncio no son más, sino de Aquel que me envió” (Jn. 12, 24).

Y que Jesús es Rey, lo dice él mismo perentoriamente y nada menos que ante el representante del emperador romano: “Yo soy rey, pero mi reino no es de este mundo” (Jn. 18, 36).

Analicemos ahora la manera como puedes vivir tu sacerdocio en su triple  dimensión: sacrificial, profética y regal,

Ahora sí entiendes, Juan, por qué Dom R. hablaba de la dignidad de los cristianos.  Y razón tienes al sentir esa rebeldía “contra lo que” o “contra quienes” quieren convertir en esclavos a los hijos de Dios, o tratar como viles criaturas a quienes participan del sacerdocio del Sumo y Eterno Sacerdote.

Pero ahora reflexiona: tú Juan, muchacho de casi 18 años, a punto de terminar tu bachillerato: ¿Reconoces tu vocación? ¿Eres consciente de tu dignidad?,

¿Ocupa Dios el primer puesto en tu vida? ¿Verdad que en esto no eres el “doble de Jesús?”. ¿Puedes decir como El que todo lo que al Padre le agrada lo haces siempre?

¿Ofreces, como sacerdote del Altísimo, cada día tu vida y tus obras como “hostias puras”, de acuerdo con la recomendación del concilio siguiendo a San Pablo? (Rom 12,1).

Y como “doble de Jesús” ejerces tu misión profética, es decir, hablas a tus compañeros, a tus amigos, a tus hermanos, de la “buena nueva” del “evangelio de Dios?”, ¿Les enseñas lo que el Padre enseña, les haces conocer, su voluntad, los invitas a que lo amemos porque El nos amó primero? (I Jn. 4, 10). En una de tus cartas me hablaste de apostolado, no podrías hacer un poquito más?.

¿Y como “doble de Jesús” te estás preparando de verdad a cumplir tu misión de “rey”, a “regir” las cosas de la tierra para darle el sentido de Dios? ¿Qué carrera vas a seguir? Sigues esa profesión para conseguir dinero o para servir a la gente y “dejar un mundo mejor que el que encontraste al venir a la vida” como lo aconseja Pío XII.

Ya basta esto por hoy.

Afectísimo en Cristo,

PAFER

 

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