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Hemos Creido en el Amor


De Margarita

En mi vida había escuchado cosas tan bellas.  Creo que estoy entrando en “onda”.  Apenas ahora comienzo a entender el error que una comete cuando piensa en las cosas de Dios y lo único que le interesa es preguntar qué hay que hacer y si a uno le gusta ese oficio.

Me sigue impresionando el que San Pablo les diga a los corintios, la gente más mala, que los va a presentar a Jesús como una “esposa a su esposo” y a uno jamás le hayan hablado de eso.

Es verdad que usted ha comenzado a tratarme el tema porque le he manifestado mi interés de dedicarme al apostolado, pero acaso San Pablo no le hablaba a todos?  Voy comprendiendo que la entrega al Señor es la condición previa para la elección del estado definitivo que una vaya a escoger para toda la vida.

Entre mis amigas hay una que piensa entrar a una comunidad religiosa; le he mostrado sus cartas y se ha sorprendido porque nunca le han dicho que va a ser la esposa de Jesús.  Yo pienso que una vida consagrada al apostolado y una conciencia de ser la esposa de Jesús, es la mejor preparación para ser religiosa.  Aún cuando  todavía no tengo clara mi vocación, estoy decidida a entregarme a Jesús como su esposa y dedicar mi vida al apostolado, cumpliendo, claro está, las obligaciones que hoy tengo.  Dígame si le parece bien mi manera de pensar.  No dudo que sus cartas me ayudarán a cumplir estos propósitos.

Cariñoso saludo,

Margarita

 

A Margarita

….. Imposible hacer una síntesis mejor que la de tu última carta.  Por ahora mi mayor preocupación es que entiendas que “ser esposa de Jesús” es más importante que ser maestra, enfermera, etc.  Como lo hablamos en una carta anterior, una esposa tiene que cocinar, barrer y hacer todos los menesteres de la casa; pero para eso no se casa.  El matrimonio es lo fundamental.  Para una esposa enamorada los quehaceres de la casa son la manifestación del amor y el rato más esperado por ella es aquel en que puede estar con su esposo.

Yo no sé cómo están preparando actualmente a las que aspiran a la vida religiosa, pero ya que el Señor nos puso en comunicación a ti y a mí, yo te ayudo a que te prepares para ser una esposa digna del Señor y tú escoges el sitio donde puedes demostrar más amor al esposo.  Y si tu vocación fuera la vida religiosa, dedicarías tu vida a atender unos niños desvalidos, o a cuidar unos enfermos, o a  enseñar a los ignorantes, pero en todo caso a Jesús mismo en la persona de los necesitados.  Pero el amor al esposo está en primer lugar y el oficio es la expresión de ese amor.  Creo que Dom Marmión en su libro nos hace entender mejor las cosas.

HEMOS CREÍDO EN EL AMOR

“sin duda debemos permanecer en una profunda adoración ante la infinita majestad del Señor tres veces Santo.  No podemos perder de vista que Jesús es el Señor y el Maestro “ustedes me llaman así y está bien porque en realidad lo soy” (Jn. 13,13).  Y ese mismo Señor es el que se postra ante los pies de sus discípulos para lavárselos. lo hace por amor.  Y ese mismo amor es el que lo lleva a descender en busca de las almas para elevarlas a la inefable condición de esposas. La fe deslumbrada clama: “nosotros lo hemos visto y hemos creído en el amor que Dios nos tiene (1 Jn. 4,16).  Toda persona que se entrega a Jesús adquiere la condición de esposa, lleva este título y si es fiel, goza de los derechos inherentes a él; colmada de as muestras de ternura del esposo    divino y su unión con El es fuente de fecundidad admirable.

El gran San Bernardo trazaba con mano maestra la imagen del alma esposa de Jesús; decía “cuando vean que un alma lo deja todo y se adhiere con todas sus fuerzas; cuando vive para El y se deja gobernar por El; cuando pueda decir de verdad con San Pablo: “para mí el vivir es Cristo”, esta alma es sin duda esposa de Jesús”.  Más de una vez San Bernardo habla de estados místicos propiamente dichos, como las nupcias místicas, el matrimonio espiritual y ciertas operaciones extraordinarias de la gracia y del amor divino, a los cuales el Señor llama a algunas personas particularmente privilegiadas.  Pero no es de estos estados de los que hablamos aquí.  Profundizaremos sobre la excelencia del estado de quien quiere consagrarse al Señor para que su corazón se inflame en amor por Aquél, que sin mérito alguno de su parte, ha puesto su mirada amorosa en él”.

Afectísimo en Cristo,                      

PAFER

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