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Conocer a Jesús


De Margarita

-Me pareció sensacional el párrafo del profeta que usted me transcribió en su última carta.  Confieso mi ignorancia total.  No solo no había escuchado frases como esas, sino que ni siquiera había imaginado que se encontraran en la Biblia.  Dios enamorado de su pueblo, de las almas, de mi… no puedo expresar lo que siento: es como una dulzura, como una paz, como una felicidad, que me parece que solo sentí el día de mi Primera Comunión.

Sus cartas han producido en mí algo muy curioso, como que ahora pienso menos en el apostolado y más en Jesús; es decir que comienzo a pensar más en ser esposa de Jesús que en hacer cosas.  Cómo desearía comentar esto con alguien; pero estas cosas del amor se sienten pero son muy difíciles de comunicar.

Qué hermoso pasaje de la Biblia.  Este es un libro que casi desconozco por completo.  Es verdad que en la Iglesia la oye uno en español, pero es muy poco lo que se entiende, como le dije, ni siquiera imaginaba que hubiera frases tan bellas y tan delicadas como las que me transcribe.

Me fui a la Iglesia, y ante el sagrario, leí una y otra vez esas palabras y sentí que Jesús me las decía a mí, sentí su amor por mí de una manera especial.  Le dije que quería ser su esposa; le pedí que me indicara cómo y cuándo, le dije que si para ser su esposa deberíamos empezar a establecer nuestro noviazgo, creo que me puse muy colorada, pero no puedo expresarle lo que sentí: una dicha tan grande, como quizás nunca había sentido.  Como había llevado conmigo sus cartas anteriores, leí nuevamente el poema y pensé que yo como el apóstol San Juan también sentía ese gran vacío, esa gran nostalgia del alma que ha visto a Jesús y lleva allá en el fondo del alma, escondido, el dardo certero, la aguda saeta del amor eterno, de su amor Divino y comprendí entonces que su Amor me ha herido.

He visto a mis compañeras que cuando tienen novio se vuelven calladas, soñadoras; se las encuentra una echando globos.  Creo que a mí me está pasando igual, no me dan ganas de hablar de esto, pero pienso frecuentemente en Jesús y a veces como que un profundo suspiro me sale de lo más íntimo del alma y le digo: qué dicha cuando yo sea tu esposa.  Ore mucho por mí.

Afectísima,

Margarita

 

A Margarita

Gozo mucho con tus cartas; veo que el Señor va estableciendo un noviazgo serio contigo.  Lo primero que los novios hacen es conocerse.  Tienes que conocer a Jesús, toma por ejemplo el Evangelio de San Juan; cada capítulo es como un cuadro maravilloso en que aparece un rasgo de su Amor.

En el capítulo primero, encuentras lo que Dios ha hecho por amor al hombre y la respuesta que éste le ha dado: “El verbo se hizo carne, habitó entre nosotros… y los suyos no lo recibieron”.

En el capítulo segundo, descubres la delicadeza de su amor  aún cuando todavía no ha llegado su hora, hace un milagro para librar de un bochorno a unos esposos el día de su matrimonio.

En el tercero, aparece Jesús explicando con inmensa paciencia las grandes profundidades de la gracia a un doctor: de la ley.

En el cuarto, aparece el Corazón de Jesús de cuerpo entero: cómo va llevando a la Samaritana a que descubra quién es el que le está hablando y termina por convertirla en apóstol.

En el quinto, Jesús se nos descubre como la persona precisa que el paralítico esperaba desde hacía treinta y ocho años.

El capítulo sexto, nos enseña que Jesús es el Pan de Vida.  Y así  los capítulos siguientes.  Como la novia va descubriendo al novio en sus cartas y en sus conversaciones con él, así tu, Margarita, leyendo el Evangelio, meditando sus palabras, irás penetrando en ese bondadoso y dulce corazón “qué tanto ha amado a los hombres”, como se lo decía a Santa Margarita tu Patrona.  Así podrás decir algún día como San Juan: “lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos, lo que hemos palpado con nuestras propias manos”: de ese esposo del alma a quien te has entregado, es de quien vas a hablar, de quien vas a dar testimonio.

Tu vida Margarita, será una intimidad con Jesús como jamás esposa humana puede tener con su esposo: “Recorrí la ciudad, las calles y  las

plazas, buscando al amado de mi alma… y cuando lo halle, me así a él y ya no lo soltaré.  Yo soy para mi amado y mi amado para mí“ (Cantar de los Cantares. 3,2-4 y 6,3).

Cuántas cosas más quiero decirte, pero dejo que Jesús te las diga personalmente.  No dejes de orar por mí.

Afectísimo en Cristo,

PAFER

PD. De verdad es curioso el fenómeno que se ha obrado en tí.  Inicialmente deseas entregarte al apostolado para que tu vida no siga en la mediocridad.  Ahora me dices que ya como que no piensas tanto en el apostolado sino en Jesús.  Finalmente comprenderás que precisamente tu entrega a Jesús como su esposa, necesariamente te llevará a preocuparte por las cosas que al esposo le interesan y éste es precisamente el campo del apostolado.

El Apóstol San Pablo invita a los primeros cristianos a crecer y desarrollarse hasta alcanzar la madurez de Cristo (Ef 4,13) esto se logra cuando el cristiano comprende que el desarrollo de su vida ordinaria no solo no lo separa de Dios sino que le da la oportunidad de manifestarle su Amor.  Es necesario crecer como Jesús, simultáneamente en estatura, sabiduría y gracia.

Afectísimo,

PAFER

 

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