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¿Cómo puede ser esto?


De Margarita

No solo me parece lindo sino desconcertante.  Es la primera vez que escucho un lenguaje semejante.

En un sermón que le escuché a un padre decía que los corintios era la gente más mala que existía y me sorprendió que precisamente a ellos dirige el apóstol esas palabras.

Estuve charlando con unas amigas sobre este tema, solamente una que pertenece a un movimiento apostólico se interesó, pero me hizo una pregunta que no pude responder: ¿Cómo se realiza todo esto?

¿Le parece bien que yo charle con mis amigas?  Ellas no saben que alguien me está hablando de ese tema.  No se imagina la ilusión que tengo cada semana de recibir su carta.

Ya los de mi casa saben que me escribo con usted, le mandan muchas saludes especialmente Juan.  

Margarita

 

A Margarita

Te respondo pronto porque voy a estar muy ocupado estos días y después no podré dedicarte tiempo.

Me parece muy bien que charles con tus amigas sobre estos temas y si quieres lee mis cartas a algunas que puedan incluso pensar en una vida de entrega al Señor. Te aseguro que cuando se convenzan de que no se trata de “entrar al convento” si no de ser la “esposa de Jesús”, el ideal las atraerá más.

¿Quieres reír un rato?  Hace mucho tiempo oí un cuento muy gracioso: le preguntaron a una señora por su hija y ella respondió que se había casado y añadió: “se la llevó Jesús, pero no el del Sagrario, sino el Del Corral” porque el esposo se llamaba Jesús Del Corral.

A esto se reduce todo: las chicas quieren casarse, a qué Jesús escogen?  Yo no dudo que tú te vas a casar con Jesús, el del Sagrario.

¿”CÓMO PUEDE SER ESTO?”

“Cuando una persona piensa en la grandeza infinita de Dios y en su santidad incomprensible; cuando considera su propia nada y su miseria, se apodera de ella un profundo sentimiento de estupor, al pensar que ella es objeto de tan insigne  privilegio.  Piensa quizás: ¿No será presunción, temeridad o locura, soñar con un título,   aspirar  a  una  condición que sobrepasa a todos los deseos humanos?  Cómo se realizará todo esto?(Lc.1,34). Fue precisamente la pregunta de María al ángel.  Ciertamente sin la revelación no hubiera podido surgir jamás en la mente de la criatura un pensamiento semejante.  Pero es Jesús mismo el que vino aquí a la tierra en busca de esta unión; con sus palabras y sus obras invita a esta unión.

Ya el Antiguo Testamento en el que predomina la ley del temor, anticipa, en la forma más delicada, las inauditas manifestaciones de las Divinas Ternuras propias de la ley del Amor. “Mi dicha es estar con los hijos de los hombres” dice el libro de la Sabiduría (Prov. 8,31); qué expresión tan desconcertante cuando se piensa que expresa la relación de Dios con la humanidad y que demuestra algo más profundo que una simple relación.

El salmista celebra igualmente, en acentos plenos de lirismo, la unión del esposo y de la esposa: “de mi corazón brota un noble cántico: tú eres el más bello de los hijos de los hombres… en tus labios se ha derramado la gracia, oye hija, olvídate de tu pueblo y de la casa de tu padre, porque el rey se ha prendado de tu hermosura“ (Salmo 44,2-3;11,12).

El Cantar de los cantares es un libro inspirado por el Espíritu Santo para magnificar bajo el signo del amor humano, la unión del Verbo con su santa humanidad, y la unión de Cristo con la Iglesia y con las almas.  Pero es en el Evangelio donde la idea se expresa en toda su plenitud, donde encuentra su fundamento más seguro, donde muestra la fuerza más persuasiva.  Su Verbo encarnado, Verdad Inefable, se presenta como el esposo en persona (Mt. 9,15;Jn. 3,29), ante quien desfilan las vírgenes destinadas a formar su cortejo (Mt. 24,1-13), de sus labios divinos sale la invitación más prodigiosa que pueda salir de un corazón humano: “todo está preparado, vengan a mis nupcias” (Mt. 22,4).

San Pablo, mensajero por excelencia del misterio de Jesús, nos lo presenta como “entregándose a la muerte por un exceso de amor” , y quería que su esposa, la lglesia, fuera “espléndida, sin mancha ni arruga, ni nada parecido, sino santa e inmaculada” y concluye el apóstol: El mismo quería prepararla y presentársela así (Ef. 5,25-27).  Y San Juan canta en el Apocalipsis “las nupcias del cordero”(Ap. 19,7-8;21,2-9).  Guiada por el Espíritu Santo, la Iglesia en su liturgia, se apropia este pensamiento.  En el oficio de las vírgenes, habla constantemente de las relaciones entre el esposo y la esposa.  En la f ¡esta de Santa Inés, por ejemplo, la liturgia pone en labios de la mártir palabras como estas: “amo a Cristo que me introducirá en la cámara nupcial”.  Y en la consagración de las religiosas, el obispo al colocarles el anillo les dice: “ te desposo con Cristo hijo del Padre, recibe este anillo como prensa de fidelidad, para que puedas llamarte esposa de Dios”.  (Pontífical Romano). ¿No te parece todo esto de una hermosura extraordinaria?  Como me decías: una chica cuando piensa en casarse su preocupación no es barrer, cocinar, coser, etc.  Todo eso y más va a hacer pero por amor a su esposo a quien le va a entregar su corazón.

También tú enamórate ante todo de Jesús con quien vas a contraer un matrimonio espiritual. Lo que vas a hacer vendrá después.

Afectísimo en Cristo,

PAFER

 

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