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El Amor su propio Concepto


De Margarita

-No sé cuánto tiempo duré leyendo su carta, o no sé cuántas veces la leí.  Créame que no pude contener las lágrimas. Pensar que el amor de Jesús llegara hasta el extremo de darme una persona que me ame tanto y de tal manera que ser como la expresión del amor que Jesús me tiene, es algo enloquecedor, solo Dios es capaz de inventarse tales cosas.  Se me ocurría que lo mismo sucede con el hogar: es tanto el amor de los esposos que quieren que ese amor no sea exclusivo sino que se comparta con los hijos.

Son cosas que yo nunca había pensado, temas que una nunca oye tratar y que no fácilmente le acepten.  Definitivamente nadie sabe lo que es el amor, pero lo que es peor, parece que no quieren saberlo.  Allá en el fondo del alma se siente la necesidad de amar y de ser amado, pero como no encuentran el verdadero amor, terminan por convencerse que el amor es el que ven en las telenovelas o leen en las revisticas que ahora abundan tanto.  Pero lo grave es que eso no llena el corazón, por el contrario lo deja vacío.

Continuamos leyendo sus cartas en el grupo.  Las cinco son todas muy buenas, pero no obstante nuestra buena voluntad, parece que habláramos idiomas distintos.  Aunque nos cuesta trabajo entender, Dios conoce la buena voluntad que nos anima.

Continúe escribiéndonos sus cartas, que nos hacen mucho bien.

Margarita

 

A Margarita

Tienes razón en las afirmaciones Margarita, recuerdas el pasaje de la Biblia sobre la torre de Babel?  Así estamos ahora.  Pero para eso vino Jesús al mundo: El es el Verbo, la Palabra que Dios nos dijo que teníamos que escuchar.  El vino a enseñarnos otro lenguaje.  Hizo del amor su propio concepto: “les doy un mandamiento nuevo” y poco a poco nos fue enseñando los distintos grados de ese amor.

En primer lugar nos recordó el primer mandamiento: ”amarás al Señor tu Dios con toda tu alma, con todo tu corazón, con todas tus fuerzas” y luego añade: “el segundo es semejante a éste, lo que quiere decir que tenemos que amar al prójimo con todo nuestra alma, con todo nuestro corazón y con todas las fuerzas.  Y para que entendiéramos bien esa manera de amar nos enseñó una hermosa parábola: la del buen samaritano.

Te invito a que tomes un nuevo testamento para que juntos la analicemos (Lc. 10,25-37).  Un hombre fue asaltado, los bandidos lo golpearon, le robaron lo que llevaba y lo dejaron medio muerto.  Jesús destaca la actitud de dos personas que estaban obligadas por oficio a expresar su amor y no lo hicieron: un sacerdote, quien habiendo visto al que estaba en el camino, “dio un rodeo y pasó de largo”; una actitud similar tomo un levita.  El evangelio había anotado antes que un maestro de la ley le había preguntado a Jesús: “quién es mi prójimo?  Y Jesús le va a hacer comprender que el prójimo es “el próximo”, es decir, aquél a quien uno se aproxima, aquél en cuyo camino uno se coloca y es lo que no quisieron hacer ni el sacerdote ni el levita.  No es posible amar desde lejos; como dice un dicho muy popular: ojos que no ven, corazón que no siente.

Es el hombre, el ser humano creado a imagen y semejanza a Dios el que está postrado por tierra… y nosotros tomamos otro camino para no encontrarnos con él. ¿Y cómo expresamos nuestro amor al prójimo?  De muchas maneras.  Ante todo acercándonos al necesitado, observando sus necesidades y problemas;  luego  poniendo  en juego toda nuestra capacidad creativa.  La parábola dice sencillamente: “le vendó las heridas después de echar en ellas aceite y vino”.

Hagamos una composición del lugar Margarita, y utilicemos algunos términos farmacéuticos: se necesitaban elementos profilácticos y vendajes, como era imposible conseguirlos, se le ocurre que el vino y el aceite de su propia comida y sus propias prendas de vestir, podrían suplir esos elementos; y así lo hace, privándose quizás de lo necesario.  Pero a continuación siguen una serie de detalles que indican que de verdad ama con todo el corazón y con todas sus fuerzas aún físicas, sí es posible decirlo, por que lo coloca encima de su caballo y lo lleva a la hospedería.  Allí podría terminar la expresión de su amor, pero las personas necesitan más de nosotros que de lo que nosotros les demos.  Por eso Jesús advierte, no solamente lo llevó a la hospedera sino que él mismo se dedicó a cuidarlo.  Cuando los compromisos de su cargo le obligan a ausentarse, manifiesta una vez más la delicadeza de su amor: no solamente deja un dinero para los gastos que pueda ocasionar y promete pagar a su regreso lo que adeude, sino que hace una recomendación: “cuídamelo como alguien muy cercano a tu corazón”.

Pero no quedaría clara la enseñanza de Jesús sino tuviera en cuenta dos cosas: en primer lugar está expresando su amor a un desconocido y de quien debiera estar muy alejado, por ser él samaritano y el otro judío (entre ellos había una enemistad).

¿Sabes cuál es el origen de tanta delicadeza?  Jesús lo anota claramente: “al samaritano se le enterneció el corazón”.

Permíteme que termine esta carta con las mismas palabras de Jesús: ”haz tú lo mismo”

Afectísimo en Cristo,

PAFER

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