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Evangelio un Himno de Amor


De Margarita

Me quedé sin palabras. La parábola me conmovió profundamente, pero no sé como expresar lo que siento.  Talvez en alguna ocasión escuché esa parábola pero ni se me había ocurrido su profundo significado. Anotábamos en el grupo que definitivamente no conocemos el Evangelio.  Cuántas veces se pregunta una, qué hay que hacer. La parábola es todo un programa de acción.

Nos dábamos cuenta que el samaritano puso en servicio del que encontró tirado en la calle, su inteligencia, su voluntad y todo lo que tenía: vino, aceite, vendajes, caballo y dinero.  Pero lo más hermoso es que sin saber quién era, se dedicó a cuidarlo, le dio todo su tiempo.

Analizábamos también en el grupo que nosotras estamos aún más obligadas a obrar como él, porque si Jesús dijo que lo que hagamos con el prójimo se lo estamos haciendo a él, qué no podemos hacer en nuestra condición de esposas, para atender en el prójimo a nuestro Divino Esposo?

Comentábamos además dos cosas: primero que, como usted lo dice en su carta, la gente necesita más de nosotras que de lo que nosotras le damos, luego si no tenemos nada, con mayor razón debemos darnos nosotras. En segundo lugar recordamos el pasaje del Evangelio en que los  apóstoles  le  dijeron  a un paralítico que les pedía limosna:     “no tenemos ni oro ni plata, pero lo que tenemos te lo vamos a dar: en nombre de Jesús ponte a andar” y reflexionábamos que muchas veces damos cosas y aún nos damos nosotras mismas, pero nos olvidamos de dar a Jesús.  Nos va a servir mucho todo esto para nuestro apostolado.

A propósito de que la gente necesita más de nosotras que de las cosas, una compañera nos recitó estos hermosos versos:

Murió la madre y el niño

en la más triste orfandad

falto de pan y de cariño

fue a implorar caridad

mientras su alma atormentaba

el pensar que no vivía

la madre que lo besaba

y en los brazos lo dormía.

A una casa se acercó

y le salió a responder

cuando a la puerta llamó

con un niño, una mujer

al mirar aquellos seres

el rapaz con embeleso

al preguntarle: qué quieres

contestó llorando: un beso.

Ni para qué comentar cuando casi ni puedo terminar esta carta, porque no puedo contener las lágrimas.

Margarita

 

A Margarita

Qué hermosa tu carta Margarita.  Ya ves cuántas cosas tan bellas se pueden decir sobre el amor.  Verdaderamente el evangelio es un himno al amor.  Tanto amó Dios al mundo que nos dio a Jesús el hijo de su amor.  Y a qué más puede  aspirar una chica que a ser la esposa de Jesús.

El se desposó con ella en el  bautismo, llenó su corazón de amor en la confirmación, vino a su corazón en la primera comunión y ahora quiere que se le entregue conscientemente como esposa.  Es verdad que escogerá algunas, muy pocas, para que no compartan su corazón con nadie, pero es el mismo Jesús el que pondrá en su corazón otro amor que será santificado en el sacramento del matrimonio y así Jesús tendrá un hogar donde reciban amorosamente los hijos que El les envíe. ¿ Puede haber más bondad, delicadeza y ternura?.

El primer grado del amor del que hablábamos en la carta pasada tiene como medida al hombre: “amarás al prójimo como a tí mismo” (LC. 10, 27); pero hay dos grados más en los que la medida es el mismo Jesús, para llegar al último, el más sublime en el que el modelo es la misma augusta Trinidad.

Cuando Jesús habla del juicio que cada uno tendrá al dejar este mundo (Mt. 25, 31-46) nos dice perentoriamente: “cuánto hicisteis con uno de mis hermanos más pequeños lo hicisteis conmigo… o no me lo hicisteis tampoco a mí”.  Bellamente está expresado este pasaje del evangelio en uno de nuestros cantos religiosos:

Su nombre es el Señor, el que sed tiene; quien pide por la boca del hambriento, está preso, está enfermo, está desnudo; pero el nos juzgará por todo eso”.

Aún cuando amamos al prójimo como amamos a Jesús, todavía la medida es la pequeñez de nuestro amor, pero Jesús todavía nos pide más: que amemos a nuestro prójimo como El mismo las ama: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”.  Y si el Buen Samaritano obró así con un desconocido porque se le enterneció el corazón, cómo debemos obrar si amamos como Jesús ama?

El último grado en el amor es tan grande, tan sublime que no se lo dijo Jesús directamente a los apóstoles sino que ellos lo conocieron por la oración que Jesús le hacía al Padre: “Oh Padre, yo he comunicado a los hombres las palabras que me confiaste y ellos las han recibido; les he hecho saber quién eres Tú… Te pido que todos sean uno, como Tu Padre estás en mi y yo en Ti, que también ellos se amen como me amaste a Mí (Jn. 1 7, 1 -26).

la más pura amistad en la tierra no es sombra de lo que Jesús pide al Padre para nosotros.  Pero toma nota Margarita, de las palabras de Jesús: “que ellos en Nosotros sean uno” (Jn. 17, 21), lo que significa que no hay unidad posible aquí en la tierra si Dios no está presente.

Te das cuenta que esta vivencia, como esposa de Jesús, es la mejor preparación para tu futuro matrimonio?  Qué lindo cuando le hables a tu novio de mañana de estas cosas. ¿ No te parece?

Afectísimo en Cristo,

PAFER

 

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