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La Obra del Amor


De Margarita

No sé que decirle sobre su última carta, los pensamientos del libro que me transcribe son tan bellos, tan profundos.  No se  los he entendido pero me han apasionado.  A ratos como que me quedaba en éxtasis.  ¡Qué barbaridad! Cómo se me ocurre utilizar esta palabra; no sé el significado profundo que tiene pero la utilizo porque así me he quedado cuando escucho una música de esa que oye uno en los conciertos; porque así me he quedado cuando en el campo he asistido a un amanecer o a un ocaso del sol.  Cuando alguien me acompaña digo: qué lindo; qué bello! pero cuando estoy sola miro y miro y lo que siento en mi alma no se lo podría decir a nadie.

Por favor: en su próxima carta no me transcriba el libro, coménteme con sus propias palabras algo que me ayude a comprender mejor esta doctrina tan bella.

Creo que por ahora con esto basta.  Gracias por el tiempo que me dedica.

Margarita

 

A Margarita

Me dices que en esta carta no te transcriba el libro, sino que lo comentara con mis propias palabras.  Te suplico que tengas un poquito de paciencia y me permitas terminar el capítulo, para que la idea nos quede completa.  Después te doy gusto. ¿Estas de acuerdo?

LA OBRA DEL AMOR

“El maravilloso artesano de todas estas operaciones admirables es el amor del Verbo por la naturaleza humana, el amor de la santa humanidad por el Verbo.  Su unión no se realiza sino por la acción del Espíritu Santo, amor substancial.  Es el amor el que hace que se encuentren en el seno bendito de María, quien concibió del Espíritu Santo.  El amor ha inaugurado esta unión; el amor la consagra y la sella; el amor la conserva, el amor la consuma.  San Pablo dice que Cristo “se ha ofrecido como hostia inmaculada movido por el Espíritu Santo” (Heb. 9,14).

Tal es el inefable misterio de las nupcias divinas del Verbo con la naturaleza humana.  Este misterio es a la vez la fuente y el modelo de la unión del Verbo con las almas que quieren entregarse a El.

Aunque única en su carácter específico, la unión hipostática de la encarnación, por el amor que Jesús nos tiene, se convierte en la manera como él se une a quienes lo aman.  Cristo Dios y Hombre, Verbo encamado, realiza con las almas en diversos grados, esta unión que hace de él, el Esposo y del alma la esposa.

Es verdad que la unión del Verbo con la naturaleza humana es esencialmente distinta a la unión de Jesús con el alma que se entrega, pero una y otra son reales, tanto más efectiva cuando hay una entrega de la propia personalidad a la acción, de Jesús”.

Ahora sí te prometo algunos comentarios en la próxima carta.

Afectísimo en Cristo,

PAFER

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