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Medio de unión concedidos a la Esposa


De Margarita

Cada vez vamos entendiendo más y el tema se pone día a día más apasionante.

Cuando nos reunimos a leer las cartas tenemos una falla: olvidamos que estamos tratando de nuestra espiritualidad como mujeres y centramos todo en los problemas del hogar.  Es que una ve tantas cosas y oye tantas que casi se vuelve una obsesión el no hablar sino de ese tema.

Cuesta trabajo comprender que la vivencia como esposa de Jesús es la mejor escuela para aprender a ser esposa aquí en la tierra.  Hoy nos enseñan de todo menos a ser esposas y madres.

En un retiro espiritual que tuvimos en el colegio le preguntamos al padre qué podíamos hacer ante la incomprensión de nuestros padres

en lo que se refiere a nuestros problemas y el predicador nos dijo que las incomprensivas éramos nosotras porque hemos recibido una educación que nuestros padres no tuvieron y que esto nos obliga a comprender que ellos no buscan sino nuestro bien en lo que nos dicen o nos exigen.

Gracias al Señor nosotras estamos recibiendo alguna formación y si aprendemos a ser esposas, juzgamos que llegaremos a ser buenas madres.

Lástima que el libro ya se vaya a acabar. ¿La correspondencia también? ¿No podremos continuar estas cartas?

Margarita

 

A Margarita

Me parece que estas cartas están surtiendo su efecto, por lo cual te doy muchos gracias a Dios.  Quiero terminar de transcribir el libro porque me estoy alargando demasiado.

MEDIOS DE UNIÓN CONCEDIDOS A LA ESPOSA

“Jesús, como esposo de¡ alma concede a la esposa todos los dones que necesita para que la unión sea completa.

Como su fundamental esposa es la Iglesia, hace partícipe a cada una de quienes quieren ser sus esposas, de los dones conque ha dotado a su iglesia: su palabra, los sacramentos y la oración  y para entrar en intimidad la invita a la soledad, al recogimiento: ”vengan a un lugar solitario conmigo y descansen un poco” (Mc. 6,31).  Así se establece, se salvaguarda, se mantiene y se afirma la intimidad de la esposa con el esposo.

Jesús se une con su esposa especialmente por medio de la comunión eucarística; es el medio más seguro para realizar en el alma la perfección del estado de esposa.  Porque la comunión es ante todo alimento de la vida espiritual, pero como la persona humana es un ser único en sus tres dimensiones: cuerpo, alma, vida de gracia, los dones que produce en el alma la comunión, repercuten en el cuerpo apaciguando los ardores de la concupiscencia y dando fuerza para dominar los gozos sensibles y vanos y para amar más los bienes celestiales que los placeres terrenales.  La comunión, además, reafirma la voluntad en su resolución de evitar todo lo que pueda separarle del servicio del esposo.

La comunión tiene como efecto principal unirnos a Jesús: “el que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él” (Jn. 6.57).  ¿Qué unión más grande y más profunda imaginar aquí en la tierra?.  Permanecer significa lo que hay de más íntimo y estable.  Es una expresión que presupone reciprocidad.  “El permanece en mi y yo en él” significa mutua donación.  No hay un medio mejor que la comunión para reafirmar la fidelidad, la generosidad, la prontitud en el servicio al esposo y guardando sus preceptos permanecemos en su amor (Jn. 15,10).  La comunión nos hace vivir para Jesús: “como el Padre que me envió es fuente de vida y yo vivo del padre, así quien me come a mí también él vivirá de mí” (Jn. 6,58).  Para esto asumió el verbo la naturaleza humana, para eso vino en nuestra búsqueda.  Aun cuando Jesús nos dio la vida en el bautismo, El se complace en decir “yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn. 10, 10).

Viniendo a nuestra alma por la comunión,  Jesús la atrae de tal modo a sí que establece entre sus pensamientos, sus deseos, sus quereres y los nuestros tal unión que si su acción no es contrariada, nos transforma en El, como el fuego al leño que consume.  Un estado así constituye el apego de la unión.  El amor hace de dos seres uno solo; cada uno quiere hacer al otro como parte de su propio ser.  El amor humano lo intenta, pero no lo logra, el amor divino sí lo realiza a plenitud.  Después de haber comulgado el alma puede decir: “mi amado para mí y yo para él” (Cantar 2,16).Pálido  reflejo de la unión del Verbo y su Santa Humanidad.

La comunión recibida frecuente y dignamente lleva al alma a ser dirigida por Jesús, en todos los actos de su vida.  Jesús permanece en nosotros, para hacernos obrar en todas las cosas a la luz de su verdad, bajo la guía de su sabiduría, bajo el impulso de su Espíritu: es a la vez el secreto y el fruto supremo de esta unión.  El Verbo, “esplendor de la gloria el Padre” (Heb. 1,3), “horno ardiente de amor, para encontrarse con nosotros, veló su gloria bajo la naturaleza humana, a fin de que nuestros débiles ojos y nuestros corazones cobardes pudieran aproximarse a El y encontrar en El la salvación y la vida; entrar en contacto con El, gozar de su presencia. La humanidad de Jesús nos une con el Verbo y por El nos hace entrar en el seno del Padre (Jn. 1, 18), por la fe y el amor. La esposa recibe entonces de su amado esposo toda la efusión de su amor y la dulzura de sus ternuras (Cantar 1,1 y 2,3)”.

¿No te parece, Margarita, todo esto de extremada belleza? Lee y relee con tus compañeras estas páginas sublimes y hazme conocer lo que piensan.

Afectísimo en Cristo,

PAFER

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